DOLOR EN EL FÚTBOL
Russo, la sonrisa que el fútbol argentino necesitaba recordar
La despedida de Miguel Ángel Russo estuvo llena de emoción y respeto. Sus éxitos son tantos a lo largo de una carrera que supera los 30 años que no alcanzarían las líneas de este artículo para nombrarlos todos; sin embargo, en su último adiós y sin quererlo, consiguió su mayor logro: unir en paz a todo el fútbol argentino y sus fanáticos.
En tiempos donde la deportividad quedó en un segundo plano ante la violencia generalizada, la sospecha de arreglos por apuestas y el manto de dudas sobre arbitrajes que favorecen a los equipos del poder, Russo consiguió por un día que prevalezca el cariño, el respeto y el agradecimiento.
Todo comenzó desde la actitud de Juan Román Riquelme, presidente de Boca, quien decidió abrir La Bombonera para despedir a Miguelo y, contrario a otros momentos donde muestra enfado y seriedad sabiendo que las cámaras lo enfocan, el jueves eligió no mostrarse en público y pasó la mayor parte del tiempo en el vestuario local junto a su amigo y encargado del fútbol xeneize Marcelo Delgado.
Pero lo sorprendente vino después, en un efecto mariposa que no se veía venir. En medio de un clima pesado y congoja, con mucho silencio, centenares de personas comenzaron a desfilar por Brandsen 805 sin distinguir edades ni colores. Por supuesto había hinchas de Boca, pero comenzaron a aparecer camisetas de Lanús, Chacarita, Vélez, Estudiantes, Racing, San Lorenzo, Huracán y hasta de River, inmortalizando una imagen que parece de una época pasada.
Russo lo merecía, está claro. Con su sencillez, seriedad, trabajo, respeto y su característica sonrisa y cercanía, no resulta raro que Marcelo Gallardo le haya dedicado unas sentidas palabras durante la práctica del Millonario e interrumpiera la misma con un minuto de silencio para homenajearlo. Lo mismo pasó en Estudiantes de La Plata, única camiseta que vistió como jugador de fútbol.
“Son decisiones” -como dijo Miguelo en una conferencia de prensa y quedó asociado para siempre- “Ver rodar la pelota me sanaba más que todo lo demás”. Y así fue como eligió irse el entrenador querido por todo el mundo, como le pidió a su familia en sus últimos días, con el conjunto deportivo de Boca puesto, todavía cumpliendo función y pensando en la redonda. Como reza el canto de cancha: “De la cuna hasta el cajón”. Russo lo cumplió.