EFEMÉRIDE

Maradona: el Dios más humano

Hoy se cumplen 5 años del fallecimiento del Diego y te contamos los lugares que fueron claves en la vida del 10.

Diego Armando Maradona fue más que un futbolista que desplegó el arte más hermoso en el campo de juego. Fue una figura inmensa y contradictoria: tan perfecto como poluto, tan adorado como cuestionado y, por sobre todas las cosas, el Dios más humano. Su figura trasciende lo deportivo, generando una fe incondicional entre sus seguidores, que lo venerarán por siempre, hayan o no visto sus proezas con el balón. Conoce los lugares clave de su vida que contribuyeron a su mito.

Este recorrido por la senda de la cruz de Maradona comienza en Villa Fiorito, el lugar donde todo se gestó. En la calle Azamor N° 523, en una casa con techo de chapa y piso de tierra, Diego construyó su primer gran sueño: jugar en el Mundial. Ese hogar, declarado “lugar histórico nacional” en 2021, es hoy un destino de peregrinación para sus fieles. Su camino continuó en Lascano 2257, La Paternal, la segunda casa donde vivió entre 1978 y 1980, a solo cuatro cuadras de Argentinos Juniors. Este sitio, que aún conserva vestigios de aquella época, funciona actualmente como un museo visitado por cualquiera que quiera revivir sus inicios.

El pináculo de su carrera se encuentra en el Estadio Azteca, México, la tercera parada de este itinerario de fe. Allí, Maradona creó las dos obras más recordadas de su trayectoria: la mítica “Mano de Dios” y el inolvidable “Gol del Siglo”, una proeza donde dejó a los ingleses dispersos en el césped. La cuarta estación nos lleva a Nápoles, el lugar donde comenzó una historia de amor eterna. El 5 de julio de 1984, ante 80 mil personas, un joven Diego de 23 años llegaba para enaltecer a un club y una ciudad del sur de Italia, históricamente señalados, convirtiéndose en una forma de resistencia. Tras su muerte, el estadio lleva su nombre, y la ciudad está decorada con innumerables murales y santuarios en su honor.

Pero la ruta del Diez también tuvo momentos de vulnerabilidad que reafirmaron su condición humana. En Franklin 896, Caballito, en 1991, fue detenido tras dar positivo en un control de dopaje, una imagen que dio la vuelta al mundo y que se vio agravada por la traición política de la época. A esto le siguieron sus presentaciones periódicas en Tribunales, donde, en 1992, al cruzarse con una marcha, dejó una de sus frases más políticas y recordadas: “Tenemos que ser muy cagones para no defender a los jubilados. A muerte estoy con los jubilados”. Su resurrección, a la que le siguió el golpe del dopaje en el Mundial 94 (“me cortaron las piernas”), y su regreso a Boca en 1995, con la célebre amenaza a Toresani desde Segurola y Habana, son también parte de su leyenda.

El adiós oficial al campo de juego llegó en La Bombonera en 2001, con un emotivo partido homenaje donde dejó una de sus frases más célebres: “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”. La última estación es Tigre, el lugar donde el Dios terrenal dijo adiós físicamente hace ya un lustro. Sin embargo, su muerte solo significó el inicio de su vida en algo más intangible y duradero: el recuerdo imborrable de millones de personas que mantienen viva la memoria de Diego.

Te puede interesar