EL DIARIO DE VANESA

La silla de la ropa: ¿ese gesto cotidiano habla de cómo somos?

Consultados a la Lic. en Sicología Marcela Dubar para tener más conocimiento de qué significan esas sillas que acumulan prendas en nuestras casas.

En esta edición de El Diario de Vanesa queremos abordar un gesto cotidiano, que está presente en casi todos nuestros hogares. Y no se trata de una actitud pasajera sino que se va transformando en una postal diaria de nuestra habitación, de otros lugares de la casa y tiene un gran contenido sicológico.

Por eso, hablamos con la Lic. en Sicología Marcela Dubar porque es una especialista y siempre está dispuesta a aclararnos estos conceptos.

“En muchos hogares existe “la silla de la ropa”: esa superficie donde se apilan prendas usadas “solo un ratito”, que no queremos guardar ni mandar al lavarropas. Un gesto inocente, sí, pero que puede contar algo de cómo tomamos decisiones, organizamos nuestro espacio mental y administramos el tiempo”, nos dice.

Y cómo funciona ese desorden, ¿es una pausa?

“Dejar ropa en la silla funciona como una zona intermedia: un lugar para lo que todavía no decidimos. La mente posterga la acción final (“doblar”, “guardar”, “lavar”) y se queda en una solución provisoria. Allí aparece la evitación de decisiones pequeñas que igual consumen energía”, nos responde.

 

Los sicólogos –agrega- pensamos que en nuestros hábitos cotidianos “se expresa la vida psíquica más íntima”: lo que parece un simple desorden puede ser la huella de cómo manejamos tensiones internas.

 

TDAH y la dificultad de “cerrar” las tareas

 

Para muchas personas con TDAH, la silla puede convertirse en un territorio que se llena rápido. ¿Por qué?

 

Porque el TDAH afecta las funciones ejecutivas, es decir, los procesos que nos permiten:

  • Planificar qué hacer con la ropa
  • Organizar el espacio disponible
  • Inhibir la tendencia a dejar “para después”
  • Iniciar la acción de ordenar
  • Sostener la atención hasta terminar la tarea

 

“Si guardar la ropa implica varios pasos, el cerebro puede sentirlo como un esfuerzo mayor del que parece. Por eso, lo “intermedio” se vuelve la regla, no la excepción”, nos comenta Dubar.

Y aclara: “no hablamos de pereza: hablamos de carga ejecutiva y energía mental limitada”.

 

La silla como espejo de la vida diaria

En el diálogo, la Licenciada nos asegura que “este patrón puede replicarse en otras rutinas: mails sin responder, papeles en pilas, proyectos sin cerrar. Cuando cuesta terminar lo que empezamos, esos pequeños “pendientes visuales” se acumulan y pueden generar ruido emocional: culpa, cansancio, frustración.”

 

¿Cuándo preocuparnos?

 

Para la especialista, “la silla de la ropa no es un síntoma clínico por sí misma. Se vuelve señal de alarma cuando: el desorden genera malestar real; interfiere con el descanso, la convivencia o la rutina; forma parte de una acumulación persistente; y hay gran dificultad para tomar decisiones simples”.

 

En esos casos, puede ser útil consultar con un profesional para evaluar si existe una alteración en funciones ejecutivas, ansiedad o, en algunos casos, TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad).

 

Comprender antes que criticar

¿Qué nos puede estar diciendo esa ropa acumulada en una silla?. Para la sicóloga, “ese pequeño montículo de ropa puede estar diciendo: hoy no tengo energía para más decisiones, este día todavía no terminó para mí, o necesito una pausa”.

 

Entenderlo así –agrega- nos permite cuidar la salud mental, habilitar estrategias más amables y dejar de ver el orden como una obligación… para verlo como un recurso para sentirnos mejor.

 

Pequeños cambios para aliviar el cerebro

De todos modos, Dubar nos dice que “no se trata de prohibir la silla. Se trata de acomodar el hábito a nuestro funcionamiento:

  • Percheros visibles para la ropa “en uso”
  • Regla de tres: si hay más de 3 prendas, toca decidir
  • Minirritual nocturno de 2–3 minutos: solo ordenar esa superficie
  • Reducir pasos: cajas o contenedores accesibles, sin puertas
  • Apoyo del entorno: acordar rutinas compartidas, sin juzgar.

 

Una actitud cotidiana, una pausa, una acción de todos los días que está llena de contenidos para continuar viendo cómo somos y qué significa.

Muchas gracias Marcela Dubar por prestarte siempre a nuestras incógnitas y espero que les haya gustado esta introducción a un tema que seguiremos profundizando.

Para tener más contacto con la Lic. Marcela Dubar:

 

 

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