ESTUDIO
¿Otro Vaca Muerta bajo el mar? Qué puede surgir de la exploración offshore
La exploración petrolera en alta mar en el Atlántico Sur atraviesa un momento clave, con Argentina parada frente a una disyuntiva estratégica: avanzar o quedar rezagada frente a países vecinos que ya comenzaron a perforar. Así lo plantea un estudio elaborado por la Universidad Austral, que advierte que el futuro energético del país offshore dependerá menos de la geología y más de las decisiones que se tomen en los próximos años.
Argentina, Uruguay, el sur de Brasil y el margen africano comparten cuencas con historias geológicas similares, pero con desarrollos muy distintos. Mientras algunos países ya pasaron de los estudios sísmicos a los pozos reales, en Argentina el proceso todavía avanza con mayor cautela.
El buque Pxgeo 2 es el encargado de realizar la exploración offshore en los bloques CAN 107 y CAN 109. Foto: Archivo web
“El escenario actual muestra avances relevantes en términos de información y maduración de prospectos, pero también una brecha clara entre los países que ya están perforando y aquellos que todavía dudan en dar ese paso”, explicó Sebastián Arismendi, profesor del Instituto de Energía de la Universidad Austral.
Desde la adjudicación de bloques offshore en 2019, la actividad en el Mar Argentino se concentró en la adquisición de datos sísmicos 2D y 3D y en la reinterpretación geológica regional. Si bien esto permitió reducir incertidumbre, todavía hay zonas de frontera, como la Cuenca Argentina Norte, donde el sistema petrolero no está comprobado.
En ese contexto, el pozo Argerich-1, perforado en 2024 por Equinor, YPF y Shell, marcó un punto de inflexión. “Más allá del resultado puntual, Argerich-1 fue un test real del sistema petrolero y un paso indispensable para calibrar modelos y redefinir la estrategia exploratoria”, señaló Arismendi.
En el sur del país, los avances son más concretos. El desarrollo del proyecto Fénix en la Cuenca Austral Marina y la decisión final de inversión en el yacimiento Sea Lion, en Malvinas Norte, muestran que cuando el sistema petrolero está probado, las decisiones de inversión llegan más rápido.
Sin embargo, el Gobierno nacional reiteró su rechazo a la explotación del yacimiento ubicado al norte de las Islas Malvinas, luego de que las empresas Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration Plc anunciaran la inversión final en Sea Lion, proyecto que podría contener cerca de 819 millones de barriles de petróleo. Desde Cancillería advirtieron que cualquier operación requiere autorización argentina por tratarse de la plataforma continental.
El mapa regional
Mientras Argentina evalúa sus próximos pasos, Uruguay ya entró en una nueva fase: APA Corporation se comprometió a perforar un pozo exploratorio entre 2026 y 2027 en el bloque OFF-6, Chevron asumió la operación del OFF-1 y ENI se sumó como socio de YPF en OFF-5.
“Estos movimientos reflejan una transición concreta: se deja de analizar datos geológicos para avanzar hacia la perforación”, resumió Arismendi.
En Brasil, la Cuenca de Pelotas también gana protagonismo, con Petrobras, Shell y Chevron consolidando posiciones y un pozo previsto para 2028. En paralelo, el margen africano —especialmente Namibia— avanzó mucho más rápido: desde 2022 se perforaron más de diez pozos, con alta tasa de éxito.
“La frontera exploratoria africana avanzó de forma acelerada debido a una secuencia continua de perforaciones. Esa dinámica aún no se observa en el Atlántico Sur sudoccidental”, comparó el especialista.
La decisión que viene
Para Arismendi, el desafío argentino es menos técnico que estratégico. “La exploración offshore exige convicción, escala y paciencia. En cuencas de frontera, cada pozo aporta información clave, incluso si no resulta comercial”, sostuvo.
“El éxito no se define por un pozo aislado, sino por sostener una estrategia en el tiempo. Hoy el punto crítico es decidir si la Argentina está dispuesta a continuar la exploración con inteligencia y decisión”, concluyó.
El Mar Argentino, así, vuelve a ubicarse en el centro de una pregunta que recuerda a los primeros años de Vaca Muerta: ¿es solo una promesa o el próximo gran salto energético del país?