EL DIARIO DE VANESA

Equinoterapia: cómo el vínculo con un caballo puede cambiar una vida

Un diálogo imperdible con Marina Rodríguez, presidenta de la Asociación Argentina de Equinoterapia. Desde su propia evolución con una discapacidad a brindar herramientas para todas las personas.

En el silencio profundo que precede al galope, cuando la respiración del caballo se acompasa con la de quien lo monta, ocurre algo más que un ejercicio terapéutico. Ocurre un encuentro. Para Marina Rodríguez, presidenta de la Asociación Argentina de Equinoterapia, ese encuentro cambió su vida.

Los caballos fueron siempre su pasión. “Me gustaron desde chica”, cuenta. Nació con una discapacidad visual y, sin embargo, encontró en el caballo una forma de libertad. Durante años practicó equitación, dio clases y hoy brinda capacitaciones. En 1999, después de formarse en equinoterapia, decidió fundar la asociación con un objetivo claro: que otras personas pudieran acceder a los mismos beneficios que ella había experimentado.

La equinoterapia es mucho más que montar. Es un método terapéutico y educativo que utiliza el caballo dentro de un abordaje transdisciplinario, integrando salud, educación y equitación. Pero, más allá de las definiciones técnicas, hay algo que la atraviesa y la sostiene: el vínculo.

“El caballo no juzga, no discrimina, no apura”, explican desde la institución. Para una persona con discapacidad, ese primer contacto puede significar un antes y un después. El acercamiento, el roce tibio del pelaje, la confianza que se construye paso a paso. El caballo se convierte en espejo y sostén.

Qué significa montar un caballo

Montar implica mucho más que subir a un lomo. El movimiento del caballo es similar al caminar humano y transmite patrones normales de movimiento al cuerpo del jinete. Regula el tono muscular, estimula el equilibrio, ordena los sistemas internos. Pero no actúa solo. Es el equipo terapéutico —integrado por profesionales de la salud, la educación y la equitación— el que interpreta las necesidades de cada persona y adapta la intervención: cuándo estimular, cuándo calmar, cuándo simplemente dejar que el silencio haga su trabajo.

En ese intercambio sutil, la persona comienza a descubrir capacidades que tal vez creía perdidas o imposibles. Un niño que logra sostenerse erguido por primera vez. Un adolescente que aprende a dar una orden y ser escuchado. Un adulto que recupera la confianza para salir al mundo. El caballo responde al lenguaje del cuerpo, a la energía, a la emoción. Y esa respuesta fortalece la autoestima.

La integración social

La integración es otro de los pilares. Puede darse en sesiones grupales, compartiendo el espacio con personas sin discapacidad, o en el ámbito deportivo, donde algunos jinetes avanzan hacia el predeportivo y el deportivo, e incluso compiten. También existe la posibilidad de inserción laboral: cuidar caballos, asumir responsabilidades reales, formar parte activa de una comunidad.

No se trata de “dar el alta”, explican. La equinoterapia es un camino. Los objetivos apuntan a la independencia en la vida cotidiana, a trasladar las habilidades adquiridas a la escuela, al trabajo, a la casa. A depender menos y animarse más.

Desde la estimulación temprana hasta la tercera edad, el proceso comienza con una entrevista y una evaluación cuidadosa. Se trabaja primero lo emocional: el acercamiento, las normas de seguridad, la elección del caballo adecuado. Cada animal es entrenado especialmente y seleccionado según su temperamento y características físicas. Son mansos, de mediana edad, pacientes.

El rol de la familia es clave. La continuidad, el acompañamiento y el sostén fuera del predio marcan la diferencia.

Pero si hay algo que resume la experiencia es esa escena simple y poderosa: una persona con discapacidad montando, erguida, guiando a un animal de cientos de kilos con una orden suave. Allí no hay limitaciones visibles. Hay vínculo, confianza y movimiento.

En tiempos donde la prisa domina, la equinoterapia propone otra lógica: la del paso a paso, la del respeto por los tiempos internos, la del aprendizaje compartido entre humano y animal. Y en ese diálogo silencioso, muchas veces, empieza la verdadera rehabilitación: la que devuelve no solo habilidades físicas, sino también dignidad, autonomía y esperanza.

¡Muchas gracias Marina Rodríguez por esta entrevista!, pueden seguir toda la actividad de la Asociación en la cuenta de Instagram: https://www.instagram.com/equinoterapiaar/ y en Facebook: https://www.facebook.com/equinoterapiaar

 Espero que les haya gustado y será hasta una nueva edición de El Diario de Vanesa. 

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