EL DIARIO DE VANESA

Elisa Forti, 91 años: como el río que no se agota, ella sigue corriendo

A los 72 descubrió el running y desde entonces no se detuvo. Ella sigue saliendo a correr junto al río con una convicción simple: aprovechar cada día que la vida le regala.

Todavía es temprano y el río avanza, sin pausa y en silencio. Las hojas de los árboles apenas se mueven y el aire fresco de la mañana parece limpiar la ciudad que recién despierta. Elisa Forti se ata las zapatillas y levanta la vista hacia el agua. Tiene 91 años y una costumbre que no negocia: salir a caminar junto al río, dejándose llevar por el mismo impulso con el que corre una carrera.

Respira profundo, empieza a moverse y deja que el sonido de los pájaros marque el ritmo de sus pasos. No corre para ganarle a nadie. Corre porque todavía puede hacerlo. Porque cada día, dice, es una oportunidad más para celebrar que sigue viva.

En diálogo con El Diario de Vanesa, nos contó que a los 72 descubrió el running y desde entonces no se detuvo. Y no habla de sacrificio. No habla de entrenamiento. Para ella es algo mucho más simple: “es un lavado de cerebro”, dice con una sonrisa.

Desayuna, sale de su casa en Vicente López y camina entre árboles, hojas y pájaros. Escucha el ruido del agua, siente el aire fresco y deja que la mente se ordene mientras el cuerpo se mueve.

No corre para ganar nada. Corre para vivir. Un amor por el deporte que empezó a los 14.

El deporte forma parte de su historia desde muy temprano. A los 14 años empezó a jugar al vóley. Más tarde llegó el tenis, que practicó durante décadas.

Y cuando muchas personas creen que el tiempo de empezar algo nuevo ya pasó, Elisa descubrió el running. Tenía 72 años.

Desde entonces, las zapatillas se volvieron parte de su rutina y también de su forma de mirar el mundo. “Nunca corrí para ganar. Jamás quise llegar primera”, cuenta.

Lo que le gusta es otra cosa: la libertad de moverse, el contacto con la naturaleza, el sonido de los pájaros que acompañan el camino.

“Me gusta compartir con los pájaros, con el ruido de las hojas, con el río”, explica.

Mover el cuerpo, ocupar la cabeza

Para ella, correr es una forma de estar en el mundo, mover el cuerpo, ocupar la cabeza.

Su filosofía de vida no tiene grandes fórmulas. Es, en realidad, sorprendentemente simple.

Siempre hay que hacer algo. “Hay que ocupar la cabeza y el cuerpo”, dice con convicción.

Caminar, pintar, dibujar, correr. Lo que sea. Pero moverse, crear, vivir.

Quedarse quieto frente a una pantalla esperando que el tiempo pase, asegura, no es una opción. Porque la vida —dice— también se cultiva.

El deseo más profundo: seguir siendo independiente

A los 91 años Elisa todavía tiene deseos. No ambiciones grandiosas ni sueños imposibles. Deseos sencillos y profundos. Seguir moviéndose. Seguir disfrutando de lo que su cuerpo todavía le permite hacer. Y, sobre todo, seguir siendo independiente.

Hay un miedo que aparece en su relato, y lo dice sin dramatismo: depender de los demás.

Por eso cada día le pide a la vida —y a sus ángeles, como dice con dulzura— que le permitan seguir caminando por sus propios medios. “Quiero bastarme a mí misma para no molestar a nadie”, confiesa.

No lo dice por orgullo, lo menciona por amor.

La alegría de vivir el presente

Su mirada sobre la vida tiene otra enseñanza silenciosa: no lamentar lo que ya no se puede hacer.

Elisa no piensa en las montañas que tal vez ya no suba ni en las carreras que nunca quiso ganar. Prefiere concentrarse en lo que sí tiene. Un cuerpo que se mueve. Una mente despierta y un nuevo día por delante.

“Hay que desear cosas normales, cosas que uno pueda hacer”, reflexiona.

Quizás esa sea su verdadera fortaleza. Aceptar el paso del tiempo sin resignarse a dejar de vivir. Disfrutar lo posible. Celebrar lo cotidiano.

En un tiempo en el que tantas personas sienten que la vida pesa demasiado, Elisa Forti se levanta cada mañana, se ata las zapatillas y sale a caminar. No para ganarle al tiempo, no para demostrar nada. Simplemente para recordarnos algo que a veces olvidamos:

Que estar vivos ya es una razón suficiente para seguir avanzando.

Y así, cada mañana, Elisa Forti vuelve al río.

Camina entre árboles, escucha a los pájaros y deja que el sonido del agua acompañe sus pasos. No corre para ganar ni para demostrar nada. Corre porque todavía puede hacerlo. Porque, como dice ella misma con la serenidad de quien entendió lo esencial de la vida: “hay que aprovechar que estamos vivos”.

 

Espero que el diálogo con esta mujer, en este Día tan especial, les haya impactado como a mí. La admiro y hace que busque en mí esa voluntad en entrenar cuando no la tengo . Elisa es una verdadera referente de vitalidad y superación personal. A sus 91 años, todos los días sigue demostrando que la edad es solo un número cuando hay pasión y disciplina. 
Este hermoso reconocimiento a esta mujer que es una leyenda viva de la fuerza de voluntad y a todas las mujeres que buscamos superarnos día a día .

Será ¡hasta la próxima edición de El Diario de Vanesa!

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