AM CUMBRE
Argentinos por la educación: los alumnos pierden hasta un año de clases en su trayectoria
Durante una entrevista en el programa Nada sucede dos veces por AM Cumbre 1400, Sol Alzú, analista de datos de la organización Argentinos por la Educación, expuso los principales datos relevados a nivel nacional.
En conversación con los periodistas, explicó que el foco dejó de estar únicamente en qué aprenden los alumnos para pasar a una instancia previa.
Según indicó, la falta de presencia en el aula condiciona todo el proceso educativo y se convirtió en el punto crítico del sistema.
El problema dejó de ser qué aprenden y pasó a ser si van
Durante años, el debate educativo estuvo centrado en los resultados: comprensión lectora, matemática o calidad del aprendizaje.
Sin embargo, el diagnóstico actual muestra un cambio más profundo: el problema ya no es solo cómo aprenden los alumnos, sino si efectivamente están en la escuela.
Esto implica que cualquier política educativa pierde impacto si no se garantiza primero la presencia sostenida en el aula, ya que el aprendizaje requiere continuidad y tiempo efectivo.
Un sistema atravesado por múltiples interrupciones
El ausentismo no es un fenómeno aislado ni responde a una única causa.
A la falta de asistencia de los estudiantes se suman ausencias docentes, problemas de infraestructura, condiciones climáticas adversas y, en algunos casos, conflictos o medidas que interrumpen el dictado normal de clases.
Este entramado genera una fragmentación del calendario escolar que, aunque no siempre es visible en estadísticas completas, impacta directamente en la regularidad del proceso educativo.
La pérdida acumulada de tiempo escolar
Uno de los datos más relevantes es la magnitud del tiempo perdido.
Solo por ausentismo estudiantil se pierde en promedio un mes de clases por año, una cifra que se amplía si se consideran otros factores.
Cuando esta pérdida se acumula a lo largo de toda la trayectoria escolar, equivale prácticamente a un año completo de formación, lo que reduce significativamente las oportunidades de aprendizaje real.
Desmotivación y cambio cultural en la asistencia
El fenómeno también tiene un componente social.
Una proporción significativa de estudiantes reconoce faltar a clases por falta de motivación, lo que marca un cambio en la relación con la escuela.
Lo más relevante es que, en muchos casos, esta conducta es aceptada por el entorno familiar, lo que debilita el valor de la asistencia y naturaliza la discontinuidad.
Esto refleja una transformación cultural que impacta directamente en el funcionamiento del sistema educativo.
Trayectorias educativas que no se completan
La consecuencia de este escenario se refleja en los resultados.
Aunque la mayoría de los estudiantes manifiesta intención de continuar estudiando, solo una minoría logra completar la secundaria en tiempo y forma.
Esto evidencia una brecha entre las expectativas y las posibilidades reales, donde la falta de continuidad y calidad educativa terminan condicionando los proyectos personales.
El diagnóstico plantea un desafío central: recuperar la asistencia como condición básica del sistema educativo, en un contexto donde el tiempo escolar perdido ya no es una excepción, sino una tendencia estructural.
La entrevista
Sol Alzú, analista de datos de Argentinos por la Educación y economista, analizó el impacto del ausentismo escolar, la pérdida de días de clase y las dificultades estructurales del sistema educativo argentino.
—Pregunta: ¿Qué problemas están detectando actualmente en el sistema educativo?
—Respuesta: Venimos viendo un deterioro desde hace años. Primero lo analizábamos desde los resultados de aprendizaje, sobre todo en comprensión lectora, donde las dificultades aparecían desde edades tempranas y se acumulaban a lo largo de toda la trayectoria educativa. Pero ahora detectamos un problema previo a eso, que es que los chicos directamente no están en la escuela.
—Pregunta: ¿A qué se debe esa falta de asistencia?
—Respuesta: Es un fenómeno complejo. Incluye el ausentismo estudiantil, el ausentismo docente y también factores como problemas de infraestructura o cuestiones climáticas que impiden que las escuelas estén abiertas. Para que haya aprendizaje tienen que darse tres condiciones: que la escuela esté abierta, que el docente esté y que el alumno asista.
—Pregunta: ¿Qué impacto tiene esto en términos concretos?
—Respuesta: Solo por ausentismo estudiantil se pierde en promedio un mes de clases por año. Si sumamos el resto de los factores, seguramente es más. A lo largo de toda la trayectoria escolar, eso equivale prácticamente a un año completo de clases perdido.
—Pregunta: ¿Cómo influyen los conflictos actuales en este escenario?
—Respuesta: Estas situaciones agravan el problema. Protocolos por amenazas, medidas de fuerza o suspensiones son lógicas en ciertos contextos, pero suman más interrupciones. Además, la seguridad y el bienestar de los estudiantes también forman parte de esta problemática.
—Pregunta: ¿Qué rol juega la familia?
—Respuesta: Es clave. Detectamos que muchos estudiantes faltan por falta de motivación. Cuatro de cada diez alumnos dicen que no van a la escuela porque no tienen ganas, y lo más preocupante es que muchas veces eso es avalado por las familias.
—Pregunta: ¿Qué muestran los datos sobre la trayectoria educativa?
—Respuesta: Hay una gran brecha entre expectativas y resultados. Más del 75% de los estudiantes quiere seguir estudiando al terminar la secundaria, pero solo 10 de cada 100 llegan a ese punto en tiempo y forma, con los conocimientos necesarios.
—Pregunta: ¿Qué se necesita para revertir esta situación?
—Respuesta: Por un lado, políticas educativas más efectivas en planificación y financiamiento. Pero también un cambio cultural que vuelva a poner en valor la escuela. Y algo fundamental: contar con datos públicos y transparentes para diseñar mejores políticas.