EDITORIAL
Neuquén marca el rumbo y proyecta al país hacia una nueva etapa de crecimiento
En medio de un escenario nacional convulsionado por la causa judicial que sacude al gobierno de Javier Milei por las denuncias de corrupción que alcanzan al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, Neuquén aparece como la contracara de esa incertidumbre. Mientras buena parte del país observa con preocupación las disputas del poder central, la provincia patagónica sigue construyendo su propio destino con una hoja de ruta clara: producción, inversión, infraestructura y desarrollo sostenido.
Ese camino tiene hoy un liderazgo político definido. Rolando Figueroa no sólo consolidó un modelo de gestión que ordena las cuentas públicas y direcciona recursos hacia obras estratégicas, sino que además logró posicionar a Neuquén como el gran motor energético de la Argentina. No es casualidad que una reciente medición de la consultora CB Global Data lo ubique como el gobernador con mejor imagen del país: su figura sintetiza una gestión que exhibe resultados concretos en un contexto nacional atravesado por sobresaltos.
La reciente gira del mandatario neuquino por Houston, en Estados Unidos, volvió a confirmar esa visión estratégica. Figueroa viajó en busca de nuevas inversiones y dejó un mensaje contundente ante referentes del sector energético internacional: Vaca Muerta no sólo transforma a Neuquén, sino que impacta en toda la Argentina. Cada dólar que genera la actividad hidrocarburífera se traduce en mayor recaudación nacional, en empleo para empresas de distintas provincias y en un círculo virtuoso que derrama beneficios mucho más allá de los límites neuquinos.
Los números que expuso el gobernador reflejan con nitidez la magnitud de esa oportunidad. Frente a quienes cuestionan herramientas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), Figueroa mostró la dimensión real del beneficio para el país: un costo fiscal reducido frente a ingresos multimillonarios en regalías, coparticipación, retenciones y expansión económica. Es, en definitiva, una lógica de crecimiento inteligente, donde la inversión privada se convierte en palanca de desarrollo público.
Pero acaso el mayor mérito de Neuquén sea haber entendido algo que durante décadas la Argentina discutió sin resolver: que el Estado, las empresas, los trabajadores y las instituciones deben empujar en la misma dirección. Esa alianza estratégica -que involucra al sector privado, a YPF, a los sindicatos y al gobierno provincial- hoy comienza a materializar un sueño largamente postergado: convertir la riqueza energética en bienestar real para la población y en una plataforma de crecimiento para toda la Nación.
Neuquén marca el rumbo porque no espera soluciones externas: las genera. Construye rutas, fortalece infraestructura, proyecta exportaciones de GNL, busca capitales en el exterior y administra sus recursos con visión de largo plazo. En tiempos donde la política nacional parece girar en torno a escándalos, internas y sospechas, la provincia demuestra que todavía es posible hablar de gestión, de futuro y de grandeza. Y cuando Neuquén avanza, no avanza sola: empuja a toda la Argentina hacia adelante.