Crisis de viviendas: menos propietarios, más alquileres y hogares cada vez más chicos
Fernando Álvarez de Celis, director de la Fundación Tejido Urbano, advirtió por AM Cumbre 1400 que crecen los hogares unipersonales, cae la cantidad de propietarios y el alquiler ya consume el 42 % de los ingresos familiares.
El tradicional hogar integrado por padres e hijos dejó de ser la estructura predominante y dio paso a una sociedad más fragmentada, con hogares unipersonales en aumento, más divorcios, más alquileres y menos propietarios.
En declaraciones al programa “Nada sucede dos veces”, Álvarez de Celis advirtió que el país enfrenta un fuerte proceso de “inquilinización” y que el acceso a la vivienda propia se convirtió en uno de los grandes problemas estructurales de la Argentina.
“El hogar típico de cuatro personas prácticamente dejó de existir. Hoy se multiplicó la cantidad de hogares aunque la población no haya crecido al mismo ritmo”, sostuvo.
Según detalló, a fines del siglo XX, tres de cada cuatro hogares eran propietarios. Actualmente, entre los hogares conformados desde el año 2000, la relación se equilibró: dos son propietarios y dos son inquilinos.
El fenómeno está acompañado por cambios sociales profundos. En la Ciudad de Buenos Aires, el 40 % de los hogares está compuesto por una sola persona. En Córdoba, ese número supera el 30 %. También crecieron fuertemente los hogares monoparentales y las separaciones, generando que donde antes existía un único hogar, hoy haya dos.
Pero el impacto más fuerte se siente en la economía cotidiana. “Hoy, en promedio, el 42 % del ingreso de una familia se destina al alquiler”, explicó Álvarez de Celis, quien remarcó que miles de personas quedan atrapadas durante años pagando alquileres sin posibilidades reales de acceder a una propiedad.
El especialista señaló además que el problema habitacional argentino no se limita únicamente a la falta de viviendas, sino que incluye dificultades de acceso al crédito, problemas de escrituración y desigualdades urbanas históricas.
“Más del 20 % de la población tiene problemas con la escritura de su vivienda”, indicó. A eso se suma la existencia de cinco millones de personas que viven en barrios populares o asentamientos, el núcleo más crítico de la crisis habitacional.
No obstante, aseguró que algunos indicadores muestran mejoras respecto de décadas anteriores. Según los datos censales, las viviendas precarias representan actualmente el 6 % del total y hubo una mejora en el acceso a infraestructura y servicios básicos.
“Mucha gente se trasladó a la periferia de las ciudades y pudo construir viviendas mejores que las que tenía antes en sectores más céntricos”, explicó.
En ese contexto, Álvarez de Celis cuestionó el rol histórico del Estado en la construcción habitacional y criticó los modelos de “vivienda semilla”, que entregan unidades incompletas y sin servicios básicos garantizados. “El Estado construye poco, caro y mal”, afirmó.
Actualmente, el déficit habitacional argentino ronda el millón de viviendas, mientras que las provincias construyen cerca de 30.000 unidades por año, una cifra considerada insuficiente frente a la magnitud del problema.
Sin embargo, el director de la Fundación Tejido Urbano destacó como un dato positivo el crecimiento del crédito hipotecario durante el último año. En 2025 se registraron cerca de 43.000 créditos hipotecarios y, aunque este año el ritmo es menor, considera que el camino debe profundizarse.
“El problema de la vivienda en la Argentina es más financiero que económico. Las familias ya están pagando cifras altísimas en alquileres. Lo que falta es transformar ese gasto en una cuota hipotecaria”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó que los jóvenes siguen teniendo como objetivo acceder a una vivienda propia, pese a los discursos que indican lo contrario. De hecho, reveló que el 80 % de quienes accedieron recientemente a créditos hipotecarios fueron jóvenes.
Para Álvarez de Celis, la solución requiere estabilidad económica, expansión del crédito y una política urbana planificada que permita construir viviendas dentro de las ciudades, con servicios e infraestructura adecuada.
“La vivienda no puede seguir siendo solamente una reserva de valor. Tiene que volver a ser, ante todo, un lugar para vivir”, concluyó.