EL DIARIO DE VANESA

De 183 kilos a la media maratón: la historia de Ramiro Faleroni que inspira a miles.

Fuimos a buscar esta impactante historia a un pequeño pueblo santafesino. Ahí nos encontramos con un joven que conmueve y no para de vivir.

Esta es una de las historias de El Diario de Vanesa que nacen lejos de las grandes ciudades y de los escenarios que suelen ocupar los titulares, pero que impactan de lleno en el corazón de miles de personas. La de Ramiro Faleroni comenzó en María Susana, un pequeño pueblo de Santa Fe de apenas 3500 habitantes, donde creció cargando un peso que iba mucho más allá de los números de una balanza.

Durante años fue “el gordito” de la escuela. Aunque nunca dejó de practicar deportes, el sobrepeso lo acompañó desde la infancia como una presencia constante. Dietas, intentos, frustraciones y promesas incumplidas formaron parte de una batalla que parecía no tener fin.

En 2010 creyó haber encontrado el camino. Empezó a caminar dos veces por día y logró bajar casi 40 kilos. Pero la lucha contra la obesidad rara vez es lineal. Con la llegada de la pandemia, los hábitos cambiaron, el encierro golpeó fuerte y los kilos regresaron. Llegó a pesar 183 kilos, el máximo de toda su vida.

El cuerpo comenzó a pasar factura. Hipertensión, apnea del sueño y resistencia a la insulina se sumaron a una realidad que ya no podía ignorar.

“Ese fue el empujón que necesitaba para empezar de nuevo”, recuerda.

La medallas, el casamiento, la nueva vida de Ramiro Faleroni. Fotos: Instagram

 

"El empujón para empezar de nuevo"

La decisión más importante llegó en 2024, cuando se sometió a una cirugía bariátrica. Sin embargo, la intervención fue apenas el comienzo. Lo verdaderamente difícil vino después: reconstruir una vida entera.

Primero fueron las caminatas. Diez kilómetros que parecían interminables. Luego llegaron los intentos de trote. Una cuadra. Después dos. Después tres. Así, paso a paso, descubrió una sensación desconocida: correr.

Lo que para muchos puede parecer algo cotidiano, para Ramiro era una conquista extraordinaria.

Su primera carrera oficial fue una prueba de cuatro kilómetros en Rosario. Al cruzar la meta sintió algo difícil de explicar.

“Ese día nació otro Ramiro”, resume.

Desde entonces, el running se convirtió en mucho más que una actividad física. Le devolvió aire, energía y confianza. También le regaló algo que durante mucho tiempo creyó perdido: tranquilidad mental.

“Me ordena, me despierta, me da claridad. Es mi cable a tierra”, cuenta.

Los paisajes de entrenamiento no son avenidas ni parques multitudinarios. En María Susana corre entre campos, caminos rurales y senderos silenciosos. Muchas veces, acompañado solamente por la música y el sonido de sus propias pisadas.

La transformación también alcanzó aspectos que para otros pueden parecer pequeños, pero que para él significan una verdadera revolución. Durante años no pudo elegir qué ropa usar. Simplemente se conformaba con encontrar algún talle disponible.

Hoy entra a un negocio y compra lo que le gusta.

“Eso también es libertad”, dice.

Con entrenamientos cuatro veces por semana, la actividad física dejó de ser una obligación para convertirse en una forma de vida.

Y los sueños comenzaron a crecer

Si tiempo atrás correr una carrera de cuatro kilómetros parecía imposible, ahora ya completó los 21 kilómetros de Buenos Aires y hace dos semanas ganó la Media Maratón de Rosario. La media maratón fue una meta que durante mucho tiempo habitó únicamente en su imaginación.

Meses antes de la competencia, repetía una y otra vez la escena de cruzar la llegada. En algunos entrenamientos la emoción lo desbordaba hasta las lágrimas.

Cuando finalmente llegó el día, la realidad superó cualquier fantasía.

En el último kilómetro tomó una decisión espontánea. Se quitó la remera y corrió hasta la meta mostrando el cuerpo que durante años había intentado ocultar.

La imagen capturada en ese instante recorrió las redes sociales, medios de comunicación y miles de teléfonos alrededor del mundo.

“Fue algo espontáneo, no lo pensé. Esa foto la miro una y otra vez. No caigo todavía, pero sé lo que significa: todo el esfuerzo resumido en un instante”, recuerda.

Para Ramiro, la obesidad dejó de ser un tema estético para convertirse en lo que realmente es: una enfermedad.

Durante mucho tiempo normalizó situaciones que hoy entiende como señales de alarma. Dormir conectado a una máquina, evitar determinadas actividades, esconder el cuerpo o resignar experiencias formaban parte de una vida condicionada por los kilos.

La historia familiar también influyó en su decisión de cambiar. Su padre murió de un infarto a los 60 años, una consecuencia vinculada a la obesidad.

Ramiro entendió entonces que debía escribir un destino diferente. Y lo hizo.

Inspiración de miles de personas

Lo que nunca imaginó fue convertirse en inspiración para otras personas. Cada día recibe mensajes de hombres y mujeres que encontraron en su historia el impulso necesario para empezar.

Algunos comenzaron a caminar. Otros retomaron tratamientos médicos. Muchos simplemente dejaron de creer que era demasiado tarde.

“Con que a una sola persona le sirva, yo ya gané”, asegura.

Hoy sigue entrenando. El próximo objetivo es aún más ambicioso: completar una maratón.

Ya no piensa en lo imposible. Aprendió que las grandes transformaciones se construyen de a poco, con pequeñas decisiones repetidas todos los días.

Ni el frío, ni el calor, ni los cumpleaños, ni los asados lograron apartarlo de su meta.

Por eso, cuando le preguntan cuál es el secreto de semejante cambio, responde con la misma frase que se transformó en bandera para miles de personas que siguen su historia. Sí, se puede.

Aquí parte del diálogo que tuvimos:

¿Qué desafíos enfrentaste al correr con sobrepeso?

“Siempre probé dietas y todas fracasaban. En 2010 me puse las pilas, caminaba dos veces por día y logré bajar casi 40 kilos. Pero con la pandemia volví a subir hasta llegar a 183 kilos. Ahí entendí que solo no podía y el año pasado decidí hacerme una cirugía bariátrica. Tenía hipertensión, apnea de sueño, resistencia a la insulina. Fue el empujón que necesitaba para empezar de nuevo”.

Después de la operación, comenzó con caminatas cortas. “Nunca había corrido. Para mí correr era imposible. Empecé con una cuadra, después dos, después tres… hasta que me anoté en mi primera carrera de 4 km en Rosario. Ese día fue un antes y un después. Lo logré, y desde ahí no paré más”.

¿Qué cambios positivos trajo el running a tu vida?

Ramiro habla de la salud, pero sobre todo de la mente. “Me despeja, me ordena. Es mi cable a tierra. Correr me devolvió la respiración, la resistencia, la energía. Hoy pienso: ¿cómo podía vivir antes así? Además, está la ropa, algo que parece banal pero que duele. Antes tenía que conformarme con lo que había, nunca encontraba mi talle. Ahora entro a un local y elijo lo que quiero. Eso también es libertad”.

¿Qué disfrutás más de salir a correr?

“La mente. Salgo y se me aclara todo. Vivo en un pueblo chico, corro entre campos y caminos solitarios. El paisaje siempre es el mismo, entonces la música me acompaña, me da ritmo, me motiva. Es como viajar aunque esté en el mismo lugar”.

¿Cuál es tu sueño hoy?

Ramiro se emociona al pensarlo. “Soñar en grande: correr un maratón. Hace unos meses parecía imposible, pero ya corrí 21 km en Buenos Aires. Y ahora salir a correr menos de 8 km me parece poco. Todo es un proceso, granito a granito. Estoy convencido de que si me lo propongo, lo voy a lograr”.

¿Qué sentiste al cruzar la meta en los 21 km de Buenos Aires?

“Todavía lo miro y no caigo. Durante meses me repetía en la cabeza ‘cruzar la meta’. Y cuando pasó, lloré. En el último kilómetro me saqué la remera, no sé por qué, lo sentí. Corrí así hasta el final, con la panza rebotando, libre. Fue un acto de liberación. Esa foto la miro todos los días, más de cien veces, y cada vez me emociona. Porque sé lo que costó llegar ahí”.

¿Qué significa para vos la obesidad?

“Es una enfermedad, aunque durante años la viví como algo normal. Te va limitando de a poco. Te complica dormir, compartir vacaciones, elegir qué ponerte. Y lo peor es la salud: hipertensión, apnea, diabetes. Mi papá murió por obesidad a los 60. Yo no quería repetir esa historia. Por eso decidí cambiar”.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiere empezar?

“No soy nadie para dar consejos, pero sí aprendí algo: si deseás algo de verdad, lo vas a lograr. Yo puse la meta por encima de todo: frío, calor, cumpleaños, asados. Nada me frenó. La constancia es la clave. Y cuando la meta llega, es lo más hermoso que te puede pasar”.

Ramiro sabe que su historia inspira. Decenas de mensajes le llegan a diario en redes sociales: personas que, gracias a él, dieron el primer paso. “Con que a una sola persona le sirva, yo ya gané. Esa es la victoria más grande. Porque ahora sé que sí, se puede”.

 

Espero que les haya gustado esta edición especial de El Diario de Vanesa y ¡nos encontramos en la próxima!

 

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