ENTREVISTA
Femicidio de Agostina Vega: las claves para entender por qué se repiten estos crímenes
El hallazgo del cuerpo de la adolescente Agostina Vega, de 14 años, volvió a sacudir a la sociedad argentina y reabrió una pregunta tan dolorosa como recurrente: ¿por qué los femicidios siguen repitiéndose una y otra vez?
Mientras la investigación avanza y la Justicia reúne pruebas contra el principal acusado, el caso volvió a poner bajo la lupa las características que comparten muchos de estos crímenes, los antecedentes de violencia que suelen precederlos y las fallas institucionales que, en ocasiones, quedan expuestas tras cada tragedia.
Para el licenciado en Criminología Eduardo Prueger, docente de la Licenciatura en Criminología y Ciencias Forenses de la Universidad Nacional de Río Negro, el femicidio de Agostina no es un hecho aislado, sino parte de un fenómeno que presenta patrones que se repiten con alarmante frecuencia.
“Los femicidios se repiten porque los femicidas se parecen entre sí”, resumió durante una entrevista con el programa Nada sucede dos veces, de AM Cumbre 1400 de Neuquén.
Un patrón que aparece una y otra vez
Según explicó el especialista, la mayoría de los femicidios tienen elementos comunes. Aunque pueden variar algunos detalles en la forma en que se cometen o en los intentos de ocultamiento posteriores, las motivaciones y el perfil de los agresores suelen ser similares.
En la enorme mayoría de los casos, los responsables son parejas o exparejas de las víctimas. Además, existe un historial previo de violencia que muchas veces era conocido por familiares, vecinos o allegados.
“Siempre hay un espiral de violencia anterior. Muchas veces existen denuncias previas o señales de alerta que permiten reconstruir un contexto de violencia de género”, sostuvo.
Para Prueger, comprender esos antecedentes resulta fundamental para entender cómo se llega al desenlace fatal.
El control y la pérdida de autonomía
Uno de los aspectos centrales que aparecen en los estudios criminológicos sobre femicidios es el motivo que impulsa al agresor.
“Cuando uno investiga por qué mata un femicida, generalmente encuentra respuestas similares. La violencia suele aparecer cuando la mujer comienza a mostrar autonomía”, explicó.
La decisión de separarse, iniciar una nueva relación, comenzar a estudiar o desarrollar un proyecto personal suelen ser situaciones que algunos agresores interpretan como una pérdida de control.
“Detrás de muchos femicidios aparece la lógica del ‘si no sos mía, no sos de nadie’. Es una mirada basada en la posesión y no en el respeto por la autonomía de la otra persona”, afirmó.
El foco sobre la víctima y no sobre el agresor
Tras cada caso resonante, también suele repetirse otro fenómeno: el cuestionamiento a la víctima o a su entorno familiar.
Para Prueger, este enfoque desvía la atención del verdadero problema.
“Muchas veces se analiza qué hacía la víctima, cómo vivía o si estaba acompañada. Pero se habla menos de las características del agresor y de las conductas violentas que desarrolló antes del crimen”, señaló.
En ese sentido, sostuvo que el principal factor de riesgo en los femicidios sigue siendo la condición de mujer en una sociedad donde persisten diversas formas de violencia de género.
Crímenes que ocurren puertas adentro
Otro de los elementos que se repite en la mayoría de los casos es el escenario donde ocurren los hechos.
Lejos de las imágenes asociadas a la inseguridad urbana o a ataques cometidos por desconocidos, los femicidios suelen producirse en ámbitos privados.
“La enorme mayoría ocurre dentro de una vivienda: en la casa de él, en la de ella o en el domicilio que compartían”, explicó el especialista.
Ese dato revela una característica clave: la existencia de un vínculo previo entre víctima y victimario.
Según indicó, más del 90 por ciento de los casos involucra a parejas, exparejas, familiares o personas conocidas por la víctima.
Los antecedentes que no deben ser ignorados
El caso de Agostina Vega también abrió interrogantes sobre las denuncias y antecedentes que pesaban sobre el principal acusado.
Para Prueger, es necesario analizar con profundidad cómo actuaron las instituciones y si existieron señales previas que pudieron haber sido subestimadas.
“En algunos casos las denuncias no reciben la importancia que deberían desde el primer momento. Cuando eso ocurre, se pierde tiempo valioso y también información que puede resultar fundamental para prevenir hechos más graves”, advirtió.
El criminólogo consideró que detrás de algunas demoras persisten prácticas culturales e institucionales que todavía dificultan una respuesta rápida frente a situaciones de violencia de género.
El dolor detrás de las estadísticas
Más allá de los análisis criminológicos, Prueger remarcó que cada femicidio representa una tragedia humana que impacta sobre familias enteras y comunidades completas.
Por eso cuestionó algunas formas de comunicación institucional que, según consideró, pueden perder de vista el sufrimiento de quienes atraviesan estas situaciones.
“Detrás de cada caso hay una familia destruida, una comunidad conmocionada y una víctima que ya no está. Eso nunca debería quedar en segundo plano”, sostuvo.
Mientras la investigación por el femicidio de Agostina Vega continúa avanzando, el caso vuelve a exponer una realidad que especialistas y organizaciones vienen señalando desde hace años: los femicidios no son hechos aislados ni imprevisibles. Por el contrario, suelen estar precedidos por señales, antecedentes y patrones que se repiten. Comprenderlos, coinciden los expertos, es uno de los pasos indispensables para intentar prevenir nuevas tragedias.