2026-06-04

PIAP

Buscan reactivar la planta de agua pesada de Neuquén con una inversión de US$120 millones

Saesa y Spark presentaron una iniciativa privada para modernizar la PIAP en Arroyito, generar empleo y posicionar a Argentina en el mercado global del insumo nuclear.

Las empresas Saesa y Spark presentaron una iniciativa privada por US$120 millones para reactivar la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada en Neuquén, que permanece inactiva desde hace casi una década. El proyecto contempla un plan de obras a 36 meses, la creación de 200 empleos directos y la posibilidad de posicionar al país como exportador de un insumo estratégico para la industria nuclear, médica y tecnológica.

La propuesta fue formalizada ante el Estado nacional con el objetivo de modernizar las instalaciones del complejo ubicado en Arroyito, un activo clave que pertenece a la Comisión Nacional de Energía Atómica. La iniciativa busca revertir años de paralización productiva y aprovechar el actual contexto de abundancia de recursos energéticos, en particular el gas natural proveniente de Vaca Muerta.

El presidente de Saesa, Juan Bosch, explicó que el proyecto apunta a transformar ese recurso en un producto de alto valor agregado. Las declaraciones fueron realizadas en el ciclo de streaming de EconoJournal, donde detalló los alcances técnicos y comerciales de la iniciativa. “El agua pesada es gas y energía; es Vaca Muerta transformada en valor agregado, en trabajo, desarrollo y exportaciones”, sostuvo.

El agua pesada es un componente esencial en el funcionamiento de centrales nucleares como Atucha I, Atucha II y Embalse, donde se utiliza como moderador y refrigerante en el proceso de fisión. Además, su demanda crece en sectores como la medicina, la biotecnología y la industria de semiconductores, lo que abre oportunidades de exportación en mercados de alta complejidad tecnológica.

El plan contempla la participación de Spark como socio técnico para la reactivación de la planta, con la posibilidad de poner en funcionamiento de manera anticipada una de las líneas de producción. En términos legales, el esquema prevé una concesión operativa mediante licitación pública, mientras que la propiedad del activo continuará en manos del Estado.

Según detallaron los impulsores, ya existen memorandos de entendimiento firmados con potenciales compradores internacionales, lo que permitiría acelerar la inserción del producto en el mercado global una vez reactivada la planta. El principal desafío, indicaron, no es financiero ni técnico, sino lograr consenso institucional para avanzar con el proyecto.

La PIAP, inaugurada en 1993 y sin producción sostenida desde 2017, es considerada la planta de agua pesada más grande del mundo y la única de su tipo en el hemisferio sur. Su reactivación no solo implicaría recuperar un activo estratégico, sino también abrir una nueva vía de generación de divisas a partir de la industrialización de los recursos energéticos del país.

De concretarse, el proyecto permitiría a la Argentina ingresar nuevamente en un mercado global con déficit de oferta, consolidando un modelo que combina energía, industria y conocimiento para generar empleo y desarrollo tecnológico.

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