EL DIARIO DE VANESA

Qué siente una persona con TOC: una especialista explicó cómo reconocer este trastorno

El trastorno obsesivo compulsivo va mucho más allá del orden o la limpieza. La licenciada Silvina Buchsbaum explicó cómo viven quienes lo padecen, cuáles son los pensamientos que los atormentan y por qué el tratamiento puede cambiarles la vida.

En nuestra sección de El Diario de Vanesa tenemos una predilección: esas luchas que nadie alcanza a ver. Una persona puede sonreír, conversar con naturalidad o caminar por la calle mientras, por dentro, libra una batalla agotadora contra su propia mente. Una batalla hecha de pensamientos que aparecen sin permiso, de dudas que nunca terminan, de miedos que parecen irracionales para los demás, pero que para quien los padece son absolutamente reales.

Así viven muchas personas con Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), una condición que todavía suele confundirse con una simple obsesión por la limpieza o el orden, cuando en realidad puede llegar a limitar profundamente la vida cotidiana.

La licenciada Silvina Buchsbaum, psicoanalista, explicó que el TOC se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones que generan una angustia intensa y que, en los casos más severos, pueden impedir que una persona lleve una vida normal.

"Las personas no ordenan porque les gusta hacerlo. Lo hacen porque necesitan aliviar un miedo intenso", resumió.

La Licenciada es columnista en varios programas de televisión y nos habló extensamente sobre el TOC. 

 

Qué siente una persona con TOC

Para entender el TOC hay que imaginar una mente que nunca encuentra descanso. Los pensamientos aparecen de manera repentina, sin que la persona los busque. Son imágenes o ideas intrusivas que generan una ansiedad difícil de describir. Para intentar calmar ese malestar, aparecen las compulsiones: acciones repetitivas o rituales que ofrecen un alivio momentáneo, aunque luego el ciclo vuelve a comenzar.

Una persona puede sentir la necesidad de lavarse las manos una y otra vez, comprobar decenas de veces que cerró la llave del gas o tocar determinado objeto siguiendo una secuencia exacta. No lo hace porque quiera, sino porque siente que, si no cumple ese ritual, la angustia se vuelve insoportable.

Según explicó Buchsbaum, existen distintos grados de severidad. Mientras algunas personas conviven con hábitos que no interfieren demasiado en su vida, otras llegan a quedar completamente limitadas por el trastorno.

Cuando el miedo termina quitando la libertad

El TOC no solo produce ansiedad. También puede ir reduciendo, poco a poco, la libertad.

Hay personas que dejan de viajar, de visitar familiares o de dormir fuera de su casa. Otras no pueden utilizar un baño público, tocar una picaporte o subir al transporte público porque sienten que todo está contaminado.

La especialista recordó el caso de un paciente que, cada vez que llegaba a un hotel, exigía que le compraran un colchón completamente nuevo para poder dormir. No era un capricho. Era la única manera que encontraba su mente para intentar calmar una angustia que parecía no tener fin.

En los cuadros más severos, incluso puede haber personas que dejan de comer porque sienten que los alimentos están contaminados o porque creen que podrían enfermar o morir.

Los pensamientos que generan vergüenza

Una de las formas menos conocidas del TOC tiene que ver con los pensamientos intrusivos.

Muchas personas conviven con imágenes agresivas, sexuales o religiosas que jamás elegirían tener y que les provocan un profundo rechazo.

Una madre, por ejemplo, puede imaginar por un instante que lastima a su bebé. Lejos de significar un deseo real, ese pensamiento la horroriza precisamente porque contradice todo lo que siente.

También hay personas que pasan horas preguntándose si hicieron daño a alguien, si dijeron algo indebido o si aquello que pensaron significa que son malas personas.

El sufrimiento es tan grande que muchas veces prefieren callarlo.

"No lo cuentan ni a sus parejas ni a sus amigos por miedo a ser juzgados", explicó Buchsbaum.

No es una manía ni una obsesión por el orden

Uno de los mayores prejuicios alrededor del TOC es creer que se trata simplemente de personas muy prolijas o extremadamente perfeccionistas. La realidad es muy distinta.

La especialista señaló que la diferencia entre una costumbre y un trastorno aparece cuando la ansiedad domina la vida de una persona.

Ya no existe libertad para elegir.

La conducta deja de ser voluntaria y pasa a convertirse en una obligación impuesta por el miedo.

Ese es uno de los principales indicadores que permiten diferenciar una simple manía de un verdadero Trastorno Obsesivo Compulsivo.

El papel de la familia

Muchas familias intentan ayudar respondiendo una y otra vez las mismas preguntas, comprobando si las puertas quedaron cerradas o participando de los rituales que realiza la persona con TOC. Sin embargo, esa tranquilidad suele durar muy poco.

Quien necesita comprobar debe hacerlo por sí mismo y, de esa manera, el círculo vuelve a empezar.

Por eso, Buchsbaum considera que el acompañamiento más importante no consiste en reforzar las compulsiones, sino en sostener el tratamiento con paciencia, empatía y afecto, alentando a la persona a continuar con la terapia y, cuando sea necesario, con la medicación.

Cómo se trata el TOC

La licenciada explicó que no todas las personas necesitan el mismo abordaje.

Los cuadros leves pueden trabajarse desde la psicoterapia, mientras que en los casos más severos suele ser necesaria la intervención conjunta de un psiquiatra para indicar medicación. Desde el psicoanálisis, además, Buchsbaum aclaró que no se habla de TOC, sino de neurosis obsesiva. La diferencia no es solamente terminológica.

Mientras el diagnóstico psiquiátrico describe un conjunto de síntomas, el psicoanálisis busca comprender qué conflicto inconsciente expresa ese síntoma y cuál es la función que cumple en la vida psíquica de la persona.

"El objetivo no es solamente eliminar el síntoma, sino entender qué intenta resolver", explicó.

Comprender antes que juzgar

Detrás de cada ritual hay una historia. Detrás de cada comprobación hay un miedo.

Detrás de cada pensamiento intrusivo hay alguien que, muchas veces, desearía con todas sus fuerzas dejar de pensar de esa manera.

El TOC tiene tratamiento y puede mejorar significativamente cuando existe un diagnóstico adecuado y un acompañamiento profesional.

Pero el primer paso suele ser mucho más simple y, al mismo tiempo, mucho más difícil: dejar de confundir el sufrimiento con una manía.

Porque nadie elige vivir atrapado entre la duda, el miedo y la ansiedad.

Y comprender esa realidad puede convertirse en el comienzo de una ayuda verdaderamente transformadora.

Lo que nos dijo la Lic. Silvina Buchsbaum

El TOC es una sigla que significa Trastorno Obsesivo-Compulsivo. Es un trastorno de salud mental generalmente diagnosticado desde la psiquiatría. Los psicoanalistas no hablamos de TOC, no hablamos de trastornos: hablamos de neurosis obsesiva, que generalmente tiende a confundirse con el TOC.

El TOC se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son pensamientos o imágenes que aparecen de golpe, intrusivos, que generan mucha ansiedad y angustia. Las compulsiones son actos que la persona tiene que realizar para calmar esos estados de ansiedad. Por ejemplo, un pensamiento intrusivo es que alguien esté en una reunión y de golpe tenga la sensación de que puede hacerle daño a otra persona. Ese pensamiento puede generar mucha angustia y ansiedad. Una conducta compulsiva, en cambio, es la que aparece para calmar esa ansiedad: por ejemplo, tocar la puerta determinada cantidad de veces.

Hay que diferenciar los distintos niveles de TOC: los simples y los severos. Todos podemos tener hábitos, preferencias o pequeñas manías —pequeños "TOC"— que no complican la vida cotidiana. Podemos tolerar, por ejemplo, abrir una cerradura y después lavarnos las manos. En los TOC severos, en cambio, cambia el grado de ansiedad, de angustia y de desestructuración de la persona. Hay quienes quedan inhabilitados para funcionar en la vida cotidiana: si van a un hotel y no les cambian el colchón o no les ponen sábanas nuevas, no pueden quedarse. Hay TOC verdaderamente severos en los que la persona se siente imposibilitada de vivir con normalidad. Pero todo esto puede resolverse con tratamiento.

Muchas veces existe la confusión de pensar que la persona con TOC es simplemente prolija, perfeccionista u ordenada. No es así: quienes tienen TOC lo padecen, y sienten una angustia muchas veces desestructurante y paralizante. Si no realizan determinado ritual de limpieza o de orden, sienten que no pueden vivir, que no pueden estar en cierto lugar. Incluso hay personas que no pueden tocar los picaportes para abrir una puerta, o que no pueden comer porque sienten que la comida está contaminada. La angustia es tan insoportable que muchas veces les impide vivir. Es decir, no ordenan porque les gusta, sino porque necesitan aliviar un miedo intenso, por ejemplo a la contaminación.

¿Cómo diferencia un terapeuta una simple manía de un diagnóstico de TOC?

Muchas veces una persona tiene ciertos hábitos de limpieza, manías o preferencias, pero se trata de un TOC cuando hay una ansiedad a veces insoportable: ante determinada situación, la persona siente una angustia que la desestructura. Además, se pierde la libertad: muchas veces no se puede salir de la propia casa, ir a otra casa o tocar picaportes. Un paciente, por ejemplo, tenía que pedirle al gerente de un hotel que comprara un colchón nuevo antes de poder alojarse. Estas situaciones hacen que la libertad se vaya restringiendo cada vez más. Además, suele haber una vivencia de incomprensión por parte de la sociedad, que hace que la persona se sienta muy angustiada.

El TOC puede presentarse de diferentes maneras. Hay personas que temen que las cosas estén contaminadas y, por ejemplo, no pueden bajar al subte por el olor. Otras no pueden comer por miedo a que la comida esté contaminada y temen morir; en casos extremos, esta imposibilidad de comer puede poner en riesgo la vida. Otras personas necesitan comprobar reiteradas veces que las llaves de luz y de gas estén cerradas, van a la cama y vuelven a revisar, una y otra vez. Muchas de estas situaciones son invalidantes para quien las padece.

También puede ocurrir que una persona se descompense frente a los ruidos, y necesite ambientes calmos y silenciosos, al punto de no poder salir a la calle porque el ruido del tránsito la atormenta. Por eso, muchas personas pierden la libertad de salir, de vivir, de trasladarse de un lugar a otro.

También existe el TOC relacionado con pensamientos sexuales, religiosos o agresivos que, al no poder comentarse, quedan invisibilizados, porque generan mucha vergüenza. Muchas veces solo los analistas llegamos a conocer lo que un paciente padece, porque son pensamientos que no pueden contarse ni a la pareja ni a los amigos, por miedo al rechazo. Puede ocurrir, por ejemplo, que una madre tenga pensamientos intrusivos de temor a lastimar a su bebé. Eso no significa que la madre quiera hacerlo: son pensamientos que angustian y generan mucho rechazo hacia sí misma, y que muchas veces no pueden compartirse con nadie.

Existen también los TOC mentales, que se caracterizan porque las compulsiones no son visibles: son pensamientos que interfieren en la vida cotidiana, como repetir palabras o frases, o pensar constantemente en recuerdos o en si se hizo tal cosa o se dañó a tal persona. Son pensamientos que angustian tanto que no permiten llevar adelante la vida cotidiana ni otras actividades. Por ejemplo, una paciente pensaba todo el tiempo si le gustaban las mujeres; estaba tan angustiada por ese pensamiento recurrente que no podía comer ni dormir.

Es importante hacer un buen diagnóstico, porque muchas veces esto se confunde con un trastorno de ansiedad generalizada, cuando en realidad se trata de pensamientos rumiantes que no dejan en paz la cabeza de la persona y hacen que lo cotidiano se vuelva insoportable.

Para tratar el TOC se puede recurrir a diferentes terapias. Particularmente, me interesa la cura por la palabra y el psicoanálisis, aunque muchas veces no alcanza y es necesario medicar: en esos casos, el psicoanalista trabaja junto con el psiquiatra para poder manejar determinados síntomas. No a todas las personas con TOC hay que medicarlas: depende del grado de severidad. Se recomienda la medicación cuando el TOC es severo y dificulta la vida cotidiana.

Muchas veces la familia intenta ayudar tranquilizando a la persona que padece TOC: responde una y otra vez la misma pregunta, participa de los rituales, se ofrece para revisar si las puertas están cerradas. Pero en realidad, eso no calma la ansiedad, porque es la propia persona quien necesita comprobarlo. De este modo, muchas veces la familia, sin quererlo, contribuye a que el TOC se mantenga en el tiempo.

Lo más importante que puede hacer la familia es acompañar con empatía, cuidado y cariño, y sostener al paciente para que inicie el tratamiento, lo cumpla y, si corresponde, cumpla también con la medicación.

En psicoanálisis no hablamos de TOC, hablamos de neurosis obsesiva, y el objetivo del tratamiento no es solamente eliminar el síntoma, sino comprender qué función cumple ese síntoma en la vida psíquica de la persona. Para el psicoanálisis, las obsesiones y compulsiones no aparecen por casualidad: son una forma en que el aparato psíquico intenta resolver un conflicto inconsciente.

El TOC y la neurosis obsesiva no son lo mismo; la diferencia depende del modelo teórico desde el que se los entienda. Para el psicoanálisis, el síntoma obsesivo no es solo un conjunto de conductas repetitivas, sino la expresión de un conflicto inconsciente reprimido que busca resolución. Lo importante no es únicamente lo que hace la persona, sino el significado de ese síntoma: qué deseo inconsciente está en juego, qué conflicto intenta resolver.

Cuando se habla de TOC —Trastorno Obsesivo Compulsivo— se está haciendo una descripción sintomática. Cuando se habla de neurosis obsesiva, se está hablando de un conflicto inconsciente.

Para cerrar, una breve descripción de algunos síntomas de la neurosis obsesiva. Uno es la duda obsesiva: el paciente no deja de dudar, no puede tomar decisiones, las posterga constantemente y evita actuar.

 

Espero que les haya gustado este entrega especial de El Diario de Vanesa, y ¡será hasta la próxima!

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