2026-07-25

OBRAS COMPLETAS

Carlos Espinosa: los trabajos y los días

El análisis de la obra literaria de un autor de quien se ha dicho que centra su trabajo "en el ser humano, sus miserias y heroicidades como eje fundamental”.

En la contratapa de uno de los libros de Carlos Espinosa, la escritora, editora y crítica literaria Julia Chaktoura observa: “No hay marco teórico ni disquisiciones académicas en esta obra”; hecha la salvedad, sostiene que la misma está centrada “en el ser humano, sus miserias y heroicidades como eje fundamental”. Acaso esta nueva entrega de Obras Completas de autores y autoras de Río Negro y Neuquén no sea otra cosa más que el análisis y desarrollo de este postulado.

Carlos Espinosa (como apunta en varias de las solapas de sus libros y en sus biografías digitales)  nació en 1950 en la Ciudad de Buenos Aires, pero desde 1967 se asume como patagónico y hace 36 años que vive en Carmen de Patagones.  Su primer acercamiento a la literatura se produce en 1974, cuando integró el Taller Literario de la Biblioteca de Martínez (Gran Buenos Aires) que conducía el profesor Nicolás Bratosevich. Permaneció en este grupo hasta mediados de 1978, cuando se instaló definitivamente en la Comarca de Viedma-Carmen de Patagones. En Viedma, en los años 2003-2004 participó de un Taller de Escritura Creativa, conducido por el poeta y narrador Raúl Artola.

Sus dos primeras obras publicadas en formato libro, fruto de esos años de capacitación y ensayo narrativo, fueron Perfiles y Postales, crónicas de la historia chica de Viedma y Carmen de Patagones (2005) y Por los pasos en la vereda, crónicas en primera persona de la vida cotidiana en Viedma y Patagones  (El Camarote Ediciones, 2007).

Aquí ya despunta el índice de escritura-lectura-interpretación de la obra de Carlos Espinosa: la crónica. Citado por el propio Espinosa, el autor mexicano Juan Villoro define, en su libro Safari accidental (2005) como “el ornitorrinco de la prosa”, ya que adopta rasgos de distintos géneros literarios (el cuento, el ensayo, la reseña, la entrevista) sin encasillarse en ninguno.

Perfiles y Postales… fue presentado en sociedad en noviembre de 2005, en la Casa de la Cultura de Viedma. La profesora Marta Ruffini, coordinadora de la Maestría de Estudios Políticos que la Universidad de Rosario en Viedma, ofició de presentadora y comentadora de la opera prima de Espinosa:

«En abril de 1779 don Francisco de Viedma y Narváez hundió el taco de su fino zapato de charol en el lodo de la costa del río de los sauces porque tenía que cumplir una orden del rey, y en 1986 Raúl Alfonsín se despeinó al viento en el balcón del frustrado hotel nacional de turismo, para lanzar su proclama de la marcha hacia el sur, el mar y el frío. Este libro propone un viaje sin brújula ni cronómetro por la memoria colectiva de la vida cotidiana de dos ciudades, con el acompañamiento de don Julián de Todos los Tiempos».

A la historia grande de los relatos que ya conformaban la historia de ese sector de la Patagonia conocido como “Comarca”, Espinosa determinó abordar «la historia chica» (como él la llama desde el título), otorgándole así una variedad polifónica a la ya existente. Así, comenzó a inscribirse en la tradición de autores como Asencio Abeijón, Elías Chucair y Guillermo Yriarte.

El periodismo y la narrativa van de la mano en la obra de Espinosa. A esa doble mirada original la alimenta de viajes en los cuales ha registrado, textual y fotográficamente, la región en sus dos blogs:

https://espinosalsur.blogspot.com/

https://perfilesespinosa.blogspot.com/

Los he recorrido minuciosamente: leerlos tiene el encanto de un buen paseo, una buena charla entre camaradas literarios.

Como periodista, Carlos Espinosa ejerció la corresponsalía Viedma de la agencia Télam desde 1984. También produjo una serie de crónicas radiales tituladas, justamente, “Perfiles y Postales”, difundidas por FM Nativa, de Viedma. Además, con ese mismo título, publicó una saga de más de 300 notas para el diario Noticias de la Costa, entre enero de 2006 y diciembre de 2011.

Hay un Espinosa, podríamos decir, que observa, escucha y produce un objeto cultural: y ese objeto cultural transmigra, se reformula sin perder su sustancia, en la radio, en el diario, en un libro.

El historiador del arte y ensayista francés Georges Didi-Huberman, en su extraordinario libro Ante el tiempo, replica y tensiona la definición de Walter Benjamin, en un contexto baudelairiano, del aura (palabra furiosamente vigente) como “realidad de la cual ningún ojo se sacia”. Para Benjamin, Walter Benjamin define el aura como la "manifestación irrepetible de una lejanía, por más cerca que ésta pueda hallarse". Es la singularidad, autenticidad y el "aquí y ahora" de una obra de arte, ligado a su historia y ritual de origen, las cuales se pierden con la reproducción masiva.

Para Georges Didi-Huberman, la imagen es un montaje porque no es un reflejo lineal o cronológico de la historia. A través del concepto de anacronismo, Didi-Huberman sostiene que las imágenes son portadoras de tiempos múltiples y heterogéneos; chocan, se superponen y convocan épocas distantes en un mismo instante.

Esa perspectiva, aplicada a la palabra, al texto, nos sirven para dimensionar la obra de Carlos Espinosa. En la primera entrada de su blog Espinosa al Sur (del 19 de enero de 2009) sostiene: “La intención es contar acerca de mis viajes, poner a consideración de los demás mis modestas exploraciones por la región sur (Patagonia, para ser más exactos) y, quien sabe, algún otros puntos del país”. Una modesta proposición, por de más humilde, aunque inexacta, ya veremos por qué.

Como buen periodista, Espinosa busca captar el aura desde las palabras, busca la exactitud, la literalidad, ¿la realidad?: Es bueno tener la cámara fotográfica cerca de las manos“, sostiene en otra entrada. Pero, como a todo buen escritor, lo apasionan las reversiones, las falsificaciones, las reformulaciones, los homenajes, los plagios y las citas mal aplicadas.

“Nada fácil la tarea que se propone el cronista: la de poner en una misma bolsa el material del archivo del año que concluye, las emociones y afectos recolectados, las expectativas generadas y los resultados obtenidos”, confiesa en una entrada de diciembre 2010 del blog Perfiles Espinosa.

Comparto con deleite algunos de los títulos de las crónicas de sus blogs. Debo confesar que, al compilarlos, he conocido un placer casi filatélico:

“Las ruinas del ferrocarril patagónico”, “Una perlita, triste ejemplo de transculturización”, “El filete se hizo patagónico, para quedarse”, “Los loros barranqueros, nuestro amigos”, “El viejo puente ferrocarretero tiene adherida en el óxido la memoria de la gente”, “Los lancheros del río Negro, a través de un relato emotivo basado en un hecho real”, “Cuadernos de Estambul, 2: Una ciudad maravillosa, con mucho para ver”, “El Glaciar Perito Moreno bien vale un viaje de 2.000 kilómetros en auto”, “Homenaje a los almacenes del ayer”.

En 2014, ve la luz editorial un libro maravilloso y paradigmático: Roberto Arlt en la Patagonia. Sus aguafuertes, y andanzas imaginarias, publicado por Remitente Patagonia, de Trelew. Y digo paradigmático porque en este libro se anudan como en ninguna otra obra de Carlos Espinosa sus dos afanes: el de registrar y el de crear.

“Este trabajo no es una biografía de Roberto Arlt. Tampoco se trata de un ensayo de análisis de su importante obra literaria”, admite el autor en la “Introducción” del libro: “Se procura, solamente hacer la recordación del paso del lúcido cronista por Carmen de Patagones y Viedma, en enero de 1934.” (El subrayado es mío).

¿“Solamente” eso? No, claro que no: “Se agregaron algunas notas, que tienen por finalidad ubicar al lector contemporáneo”.

Y hay más, por supuesto, el summum bonum del oficio literario de Espinosa: “Con cierta dosis de atrevimiento que ojalá sea juzgada con indulgencia, se tejieron conjeturas acerca de los movimientos de Arlt en Patagones, así como sus encuentros y diálogos con vecinos de esta población bonaerense y austral”.

“Arlt comprendió que la prudencia debía ser eficaz compañera de sus próximos movimientos, cerró la pocket y se prometió sólo volver a usarla para fotografiar paisajes despoblados, cosa de no despertar resquemores ni sospechas, ni tener que vérselas con un interrogatorio policial.

Caminó unos pocos pasos y al doblar la esquina se descubrió ante sus ojos el paisaje de una plaza. Lucía bien distinta a la de Carmen de Patagones y casi en el medio se destacaba una construcción alta, con varios escalones de diferencia sobre el piso del paseo y allá arriba un espacio embaldosado de casi veinte metros cuadrados de superficie. “Un depósito para tranvías, un hangar para aviones, una pajarera para cóndores…”, algo así le pareció a Arlt aquel mamotreto de mampostería. “Tengo que encontrar la comparación exacta”, se comprometió.

En el cruce de las orillas está la diferencia, confirmó.” (p. 43).

Ya estamos en los linderos o en los adentros de la no ficción. Además, el afortunado lector se encontrará, en las postrimerías del libro con “Una carta desde Buenos Aires”, señalada en una nota al pie de página “como homenaje a Manuel Puig y sus Boquitas pintadas”. Para más placer intertextual.

En 2016, el Fondo Editorial Rionegrino publica el libro Los oficios de Don Guillermo, de Carlos Espinosa, sobre la vida y obra de Guillermo Yriarte. Yriarte fue justamente el impulsor de la Ley 1869, que en agosto de 1984 dio origen al mismísimo Fondo Editorial Rionegrino.

Pero la historia había iniciado años antes. El propio Carlos Espinosa comentó en la presentación del libro (en la ciudad valletana de Cipoletti, en noviembre de 2016) que la obra se gestó por iniciativa de Juan Raúl Rithner, cuando este dirigía el FER en el 2006,  y estuvo lista para su edición hacia fines del 2007. Sin embargo, la publicación permaneció varios años como proyecto, sin que pudiera llegar a verla el propio Yriarte, quien falleció en noviembre del 2012. Cuando Daniel Welschinger tomó la dirección del FER, en diciembre de 2015, se recuperó el material original, y se puso en marcha la edición.

El libro, prologado por Elías Chucair, reconstruye la vida de Guillermo Yriarte a través de sus relatos, recopilados y enmarcados por Carlos Espinosa. Además, incluye textos seleccionados de su libro Tradiciones del Río Negro. A lo largo de la obra de Espinosa, descubrimos que Don Guillermo fue peón rural y esquilador; escribiente del Ejército recorriendo Santa Cruz en los años 40; agente de la policía del Territorio en la línea sur rionegrina; juez de Paz en Cipolletti; fundador del Festival de Folklore de Choele Choel y jurado de la competencia nacional folklórica de Cosquín; recopilador de tradiciones populares del pueblo mapuche; y, por todo esto fuera poco, como legislador provincial, impulsor de la creación del Fondo Editorial Rionegrino.

Me pongo en modo autorreferencial: en diciembre de 2003, en el II Encuentro Regional de Escritores de Río Negro y Neuquén, organizado por el Grupo Escritor de Fernández Oro, tuve el honor de recibir el 1er Premio en la categoría Cuento por parte de Guillermo Yriarte, quien oficiaba de jurado. Fue el primer primer premio que obtuve con mi obra: “Cuando leí tu cuento, pensé que el autor era un tipo más grande”, me dijo Don Guillermo y me regaló, de yapa, un ejemplar de su libro Tradiciones del Río Negro, que aún conservo como el preciado tesoro que efectivamente es. Que casi un cuarto de siglo más tarde, recibir de manos de Carlos Espinosa un ejemplar de Los oficios de Don Guillermo es, para mí, un guiño del destino, un nuevo honor.

*

Después de una extensa carrera periodística en distintos medios escritos, radiales y televisivos, Carlos Espinosa se jubiló en 2016 como Jefe de la Corresponsalía Viedma de la Agencia Nacional Télam, donde se desempeñó durante tres décadas y media.

Entonces, uno de sus avatares narrativos se consolida y se cristaliza definitivamente. En Perfiles y Postales… (2005), Roberto Arlt en la Patagonia (2014) y Extraordinaria exposición viviente de los indios salvajes de la Patagonia (2020) se incluyen relatos de ficción, pero su siguiente obra, La sequía y otros folletines al sur (2021) es su primer libro completamente dedicado a la ficción.

Leí este libro en pleno viaje, desde la cordillerana Villa La Angostura donde vivo, hasta el Alto Valle del Río Negro, a visitar a familia y amistades: como suele suceder con determinadas lecturas, muchas imágenes textuales, visuales y sinestésicas de esta obra quedaron en cierta forma atadas a ese viaje.

La “Advertencia a los lectores” previene: “Este libro contiene un conjunto de relatos de ficción, cuyos personajes, circunstancias y escenarios son producto de la imaginación. Cualquier semejanza con hechos y personas reales es pura coincidencia. En el último cuento del volumen se nombran varios amigos del autor, son seres verdaderos y juegan papeles secundarios en la historia.”

Las acciones ocurren en la ciudad de Santa Marta, y las “semejanzas con hechos y personas reales” se materializan textualmente ante los ojos del lector, exorcizados por el viejo e inoxidable “pacto ficcional”. Desde Hipólito Yrigoyen hasta Osvaldo Bayer, desde Ramón Minieri y Elías Chucair hasta el gran Satchmo Louis Armstrong.

Personalmente, el relato que más me fascinó fue “Fotos que cuentan historias”, ya que en ese texto aparecen, además de los elementos y recursos que Carlos Espinosa venía trabajando en sus libros anteriores, las redes sociales. El argumento: un grupo denominado “Santa Marta, fotos del ayer” comienza a subir documentos fotográficos históricos, develando progresivamente un tema tabú del pueblo; Espinosa trabaja con mucha maestría y conocimiento de campo las voces de los personajes que intervienen en los comentarios de la red social.

Otro, imperdible: “Madagascar Frutos y la piedra del guanaco”, que el propio autor nombra en la “Advertencia a los lectores”; es un texto que conjuga datos fehacientes de la historia, misticismo y hechos deliberadamente sobrenaturales. Ficción pura y dura.

La sequía y otros folletines al sur formó parte del programa 2025 de capacitación de profesores de enseñanza inicial y media en Mediación de la Lectura, del Plan de Lectura de Río Negro del Ministerio de Educación y Derechos Humanos, en conjunto con el Proyecto Literatura de la Comarca del Centro Universitario Regional Zona Atlántica y Sur de la Universidad Nacional del Comahue.

En la final provincial de la edición 2023 de los Juegos Bonaerenses, Carlos Espinosa obtuvo Medalla  de Oro del rubro Cuento, en la categoría Adultos Mayores, con el relato “Ese rengo de la calle del puerto de Patagones”. El relato está inspirado en la crónica «Vida portuaria en Patagones» de Roberto Arlt, rinde homenaje a sus famosas aguafuertes: fue publicado en formato folletín, con ilustraciones del artista Marcelo Chelo Candia.

En la Feria del Libro de Viedma 2024, Espinosa recibió un Reconocimiento Especial a la Trayectoria, otorgado por la Municipalidad de Viedma y el Proyecto Literatura de la Comarca del Centro Universitario Regional Zona Atlántica y Sur de la Universidad Nacional del Comahue. Además, el Honorable Concejo Deliberante de Patagones, con fecha del 10 de julio de 2025, declaró de Interés Cultural su trayectoria literaria, periodística y cultural “en reconocimiento a su valioso aporte al patrimonio cultural e identitario de Carmen de Patagones y la región”.

En 2025, apareció su última obra impresa hasta el momento, la selección de cuentos El Arrayanes pasa por Cagliero (Perfiles y Postales). Los seis textos que componen la obra son cuatro cuentos premiados, como el mentado “Ese rengo..” y el que le da título al libro, un cuento sin referencia (“El callejón de los faros”) y “El viaje de Homero Almirón”, rescatado de la edición original de Perfiles y Postales, hoy agotada.

Al cierre de esta nota, me entero de que el autor terminó, con la editora María José Bahamonde de la Universidad Nacional del Comahue, la revisión del texto de Algunas puertas y otros cuentos: se trata de un libro con nueve relatos con mención especial de publicación de Editorial Viedma “El mismo río”, con lanzamiento previsto para la Feria Municipal del Libro, en noviembre próximo.

 

En el siglo VIII a. C., allende los mares, el poeta griego Hesíodo encaró la escritura de una obra didáctica y también moral, que registrara la agricultura y la navegación de los pueblos de su región, así como consejos diversos y un calendario de los días felices y aciagos. La obra se llamó Los trabajos y los días: “El mayor tesoro concedido a los hombres es el lenguaje circunspecto, y el mejor don, el ser en todo moderado”, dice Hesíodo en uno de los pasajes finales del libro.

Carlos Espinosa, en la Comarca y veintinueve siglos después, emprende una obra de características esencialmente similares: registrar los trabajos y los días de la gente de su entorno, hacer la recordación de hechos fundamentales. Y un poco más: agregaron algunas notas, para ubicar al lector contemporáneo. Y más aún: tejer conjeturas, inventar, recrear, crear.

Acaso la meta final sea captar la singularidad, la autenticidad del "aquí y ahora", esa “realidad de la cual ningún ojo se sacia”, “la manifestación irrepetible de una lejanía, por más cerca que ésta pueda hallarse". Todo eso que, palabras más, palabras menos, solemos llamar “aura”.

 

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