2026-09-19

EL DIARIO DE VANESA

El palacio que su dueño construye desde hace 20 años en Pinamar

Impacta por su arte, por el trabajo y por su historia. Detiene a vecinos y turistas en plena esquina de Martín Pescador y Sirena.

Llegué a la ciudad balnearia de Pinamar y decidí recorrer sus calles, sus pinos, su vecindario lejos de la playa, en mi bicicleta.  Iba disfrutando del paisaje, de los tradicionales chalets de techos de tejas y de los imponentes pinos de Pinamar Norte, cuando me encontré con una subida que en bici me costó bastante llegar a su cima. Y de pronto, allá arriba, apareció una silueta imponente que me hizo sentir que estaba en Venecia.

Sobre la esquina de Martín Pescador y Sirena, en lo alto del mirador más alto de Pinamar Norte, se levanta el Palacio Augusto. Está sobre la calle Martín Pescador, entre Sirena y Libertador, a solo tres cuadras de la playa. Su fachada de estilo gótico italiano, con guiños renacentistas, me despertó una enorme curiosidad. Tomé fotos desde afuera y vi cómo otras personas, entre el asombro y la curiosidad, frenaban su paso para apreciar semejante belleza. 

A pocas cuadras de la playa, aun en construcción, el Palacio Augusto impacta por su belleza. Fotos: Facebook

 

¿Quién vive ahí?

Me hice todas las preguntas posibles. ¿Quién vivirá en un lugar así? ¿Estará abandonado? ¿Será un hotel boutique? Pero no: es una vivienda particular en constante evolución, construida artesanalmente por su propio dueño desde hace 20 años.

Una historia que empieza en 1998

Todo comenzó en 1998, cuando el ingeniero civil de origen italiano José Maluccio adquirió el escarpado terreno y diseñó los primeros planos en honor a su hijo Augusto. La obra se levantó sobre uno de los últimos terrenos disponibles de la zona céntrica, cerca de la playa. Tras el fallecimiento de José, Augusto heredó el proyecto en 2006, cuando la propiedad tenía apenas su estructura de hormigón. 

Augusto, que era casi un adolescente cuando empezó a modelar la estructura con sus propias manos, se convirtió desde entonces en el alma del palacio. Lleva más de dos décadas dándole forma, de manera solitaria y meticulosa, a las complejas molduras y a los arcos árabes. De perfil bajo, pasa muchas horas y días enteros dentro de la casa que lleva su nombre y que es el eje de su vida. 

En las pocas entrevistas que ha dado, Augusto aseguró al diario La Nación que "esto lo construí solo, te mentiría si te digo que trabajo con otros. Por eso demora mucho más de lo que tendría que demorar, hace 20 años que estoy trabajando en esto. Pero tampoco lo quiero apurar porque si le agrego velocidad pierdo de vista muchos detalles".

El primer impacto fue cuando lo encontré andando en la bici, luego investigué más sobre la obra. Fotos: autora/Facebook

 

Palacio, no castillo

Aunque a simple vista parezca un castillo, su creador aclara la diferencia: se trata de una obra inspirada en los grandes palacios renacentistas venecianos. El estilo combina rasgos del gótico veneciano con influencias árabes y detalles franceses, con torres, arcos ojivales, balcones ornamentados y molduras talladas en cemento. Columnas, rosetas y relieves fueron modelados a mano, lo que vuelve al edificio una pieza casi escultórica. 

Las dimensiones acompañan la ambición. Son unos 500 metros cuadrados cubiertos, distribuidos en tres plantas, sobre un terreno de casi dos mil metros, con múltiples ingresos y terrazas. 

Una rareza entre el ladrillo a la vista

Se dice que no hay una sola persona que pase por la puerta y no se detenga a observar esta rareza renacentista en medio de las casas de ladrillo a la vista típicas de la zona. Y eso fue exactamente lo que me pasó a mí: detuve mi andar en la bicicleta y quedé impactada por la maravilla de semejante obra arquitectónica.

No soy la única. En temporada alta, según cuenta el propio Augusto, hay días en que le sacan más de 50 fotos a la fachada.

El artista y su obra

Augusto vive dentro de su propia obra de arte, que día a día sigue construyendo. En más de un relato afirma que así debe ser: "el artista debe convivir con su obra". Asegura que no cree que exista otro palacio construido por una sola persona en otra parte del mundo. Cada detalle fue moldeado por sus propias manos y no suele contratar gente: le dedica todo su tiempo.

El palacio no nació como emprendimiento hotelero ni inmobiliario: fue concebido como residencia familiar y obra personal, y todavía hoy sigue creciendo y perfeccionándose. 

Puertas adentro

Se dice que el interior es un museo viviente de restauración. Hay varios niveles, salones amplios, terrazas y miradores, con mobiliario de estilo y arañas de cristal. También hay faroles de estilo francés que el propio Augusto rescató y acondicionó con sus manos. Las paredes interiores están adornadas con gobelinos del siglo XV. 

Mientras tanto, en la página de Facebook que él mismo administra, comparte los avances constantes de la obra junto con las especificaciones técnicas del diseño.

Para quienes visiten Pinamar, el Palacio Augusto es una parada obligada, aunque sea desde la vereda. Eso sí: es una casa habitada, así que conviene admirarla con respeto. Como me pasó a mí, seguro alguien más va a frenar su paso a mirarla.

Para quienes quieran conocer más detalles, les dejo las entrevistas que realizó el diario La Nación y el portal Infobae

Espero que esta edición de El Diario de Vanesa les haya impactado como a mí al llegar a esa esquina llena de arte en Pinamar y ¡será hasta la próxima!

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