DOLOR
A los 88 años murió Tulio Crespi: una vida entera dedicada a los fierros, las pistas y los autos
La leyenda del automovilismo, Tulio Crespi, falleció a los 88 años. Tras más de 60 años dedicados al deporte motor como piloto, constructor, preparador, creador de autos de competición y diseñador, dejó un legado como pocos y se mantuvo activo en su taller de Balcarce en los últimos días, aun cuando perdía la carrera contra su enfermedad.
Según relatos de la familia, su hermano Humberto “Nenín” le transmitió su pasión por las carreras, donde inició a trabajar desde adolescente en ese espacio. En 1961 instaló su taller en Palermo Viejo y después empezó a crear sus propios vehículos. Su primer prototipo fue un monoposto con motor NSU llamado Tulia 1.
En 1963, utilizó su maquinaria para competir en el Autódromo General San Martín. Se puso al volante y ganó la competencia con el vehículo que él mismo diseñó, construyó y ensambló. Esa victoria fue el puntapié inicial para convertir a su fábrica en uno de los puntos de referencia más importantes del automovilismo argentino.
La fábrica se dedicó a construir los chasis para diferentes categorías nacionales y su equipo, Crespi Competición, se hizo fuerte en la Fórmula Renault Argentina, pero tuvo sus espacios en el Turismo Carretera, el TC 2000, la Fórmula 2 Nacional y la Fórmula 3 Sudamericana.
Uno de sus momentos más importantes a nivel internacional fue en 1975, cuando Tulio Crespi presentó en el Salón del Automóvil de París dos de sus creaciones más recordadas: Tulia GT y Tulieta GT, dos autos destinados para la vida diaria, alejados de los ámbitos de competición.
Uno de los últimos trabajos de Tulio Crespi fue para Netflix. El taller de Balcarce, junto a sus hijos, fueron los encargados de replicar los autos de competición que utilizó Ayrton Senna para la serie biográfica del piloto brasileño. El proyecto consistió en 22 prototipos de Fórmula 1, utilizados para las escenas de competición.
La carta de despedida de Tulio Crespi
Antes de morir, el creador de autos dejó una carta para que fuera difundida por la familia. El texto escrito a mano por Tulio Crespi fue compartido por la cuenta oficial del taller en Instagram.
Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera.
Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.
Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso?
Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe.
Gracias.
Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato.
Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo.
Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo.
Gracias al ambiente del automovilismo. A los mecánicos, a los chapistas, a los rivales que fueron amigos, a los que me enseñaron cuando yo no sabía nada y a los chicos que hoy venían a preguntar. Yo nunca me creí más que nadie. Fui un laburante del fierro, un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo.
No estén tristes por mí. Sigan haciendo ruido. Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice.
Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando.
Gracias por estos ochenta y ocho años de confianza. ¡Viva la vida, vamos que se puede!
Gracias, gracias, gracias