2026-09-29

SALUD

Dolor lumbar crónico: especialistas advierten sobre el exceso de resonancias, fármacos e intervenciones

El dolor lumbar representa una parte importante de las consultas kinesiológicas y tiene especial incidencia en actividades con esfuerzo físico. Un especialista expuso en UFLO por qué tratar más no necesariamente implica tratar mejor.

El dolor lumbar crónico se convirtió en uno de los principales motivos de consulta dentro de los consultorios kinesiológicos y plantea un desafío que excede la búsqueda de una lesión concreta en la columna. En Neuquén, donde además existen actividades laborales atravesadas por el esfuerzo repetitivo y la manipulación de cargas, la discusión adquiere una relevancia particular.

El tema fue abordado por el doctor Federico Montero Cuadrado, profesor de la Universidad de Valladolid, durante las Jornadas de Kinesiología y Fisiatría realizadas en UFLO. Allí presentó diferentes estudios para cuestionar una idea instalada entre muchos pacientes: que frente a un dolor persistente necesariamente es mejor realizar más estudios, tomar más medicamentos o avanzar hacia intervenciones cada vez más complejas.

De acuerdo con los datos presentados durante la jornada, en Neuquén el dolor lumbar tiene una incidencia elevada dentro de las consultas kinesiológicas, mencionándose una cifra del 75%. También se señaló una presencia considerable de este tipo de consultas en la industria petrolera regional, asociada a tareas que incluyen esfuerzos repetitivos y manipulación de cargas pesadas.

Sin embargo, que el dolor sea frecuente no significa que todos los pacientes deban recorrer el mismo camino diagnóstico y terapéutico. Una de las principales advertencias de la exposición fue precisamente evitar que la búsqueda de una explicación para el dolor termine generando intervenciones que no estaban inicialmente justificadas.

¿Una resonancia siempre ayuda a encontrar la solución?

Una de las situaciones analizadas por Montero Cuadrado fue la necesidad que muchas personas sienten de contar rápidamente con una imagen que permita identificar “qué está mal” en su espalda.

Según explicó el especialista, la evidencia presentada cuestiona la realización precoz y sistemática de resonancias magnéticas o radiografías cuando no existe una indicación clínica que las justifique.

“Se ha demostrado con estudios de más de 400.000 personas que aquellos a los que se les hace una resonancia o una radiografía de forma precoz tienen más tendencia a sufrir cirugía, 1,48 frente a 0,12. Y también a tener más prescripción de opioides, que a mediano y largo plazo estarán peor”, sostuvo durante su exposición.

El planteo no implica que los estudios por imágenes carezcan de utilidad. La advertencia apunta a evitar su utilización automática en todos los cuadros de dolor lumbar, reservándolos para aquellos casos en los que la evaluación profesional determine que son necesarios.

Montero Cuadrado también presentó datos sobre lo ocurrido durante las décadas de 1990 y 2000, cuando aumentó la utilización de resonancias magnéticas y, paralelamente, crecieron diferentes tratamientos.

Según las cifras expuestas durante la jornada, las prescripciones de opioides aumentaron un 423%, las infiltraciones epidurales un 629% y las intervenciones quirúrgicas de espalda un 220%. Pese a ese incremento de recursos diagnósticos y terapéuticos, el especialista sostuvo que también aumentaron la discapacidad y la prevalencia del dolor crónico.

La conclusión planteada durante la exposición fue que hacer más no necesariamente significa obtener mejores resultados.

El dolor no siempre está en una única parte de la columna

Otro de los puntos centrales fue modificar la manera en que se interpreta el dolor crónico.

Montero Cuadrado explicó que el dolor lumbar no necesariamente puede reducirse a una vértebra, un disco o un nervio determinado. Tampoco debería atribuirse exclusivamente a una mala postura o al sedentarismo.

El enfoque presentado entiende al dolor crónico como un fenómeno multicausal, en el que pueden intervenir factores biológicos, psicológicos, sociales, culturales y laborales.

Dentro de ese conjunto se mencionaron elementos como la genética, el tabaquismo, factores emocionales y sociales, determinadas condiciones laborales y otros componentes personales. La presencia de alguno de ellos, por sí sola, tampoco implica que sea necesariamente la causa del dolor de una persona.

Esta mirada modifica también el objetivo del tratamiento. En lugar de concentrar toda la atención en reducir diariamente la intensidad del dolor, se propone observar qué actividades perdió el paciente como consecuencia de ese cuadro y cómo puede recuperarlas progresivamente.

La variabilidad del dolor también fue parte de la exposición. Una misma persona puede evaluar su intensidad de manera muy diferente de un día a otro, lo que dificulta que el tratamiento se organice exclusivamente alrededor de esa percepción puntual.

De buscar “qué está roto” a recuperar lo que el paciente dejó de hacer

El cambio de enfoque puede sintetizarse en dos preguntas. En lugar de limitarse a “¿qué parte de la columna está fallando?”, la propuesta es incorporar otra: “¿qué es lo que esta persona dejó de poder hacer y cómo lo recupera?”.

Ese giro coloca en un lugar central al ejercicio terapéutico, la educación del paciente y el seguimiento sostenido, con objetivos vinculados a recuperar movimiento, autonomía y actividades cotidianas.

Los medicamentos, estudios por imágenes, infiltraciones o intervenciones quirúrgicas no quedan descartados. La propuesta expuesta en UFLO es utilizarlos cuando estén clínicamente indicados y no asumir que aumentar la cantidad de intervenciones producirá automáticamente un mejor resultado.

La discusión adquiere relevancia en Neuquén por el peso que tienen las actividades laborales físicamente exigentes. Pero también alcanza a cualquier persona que conviva durante meses o años con molestias de espalda y busque sucesivamente estudios y tratamientos esperando encontrar una única explicación.

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