ESCUCHA DETRÁS DEL DIAGNÓSTICO

"La salud mental también se construye con palabras": a 52 años del histórico congreso que originó el Día del Psicólogo

Cada 13 de octubre, la Argentina recuerda el Primer Encuentro Nacional de Psicólogos y Estudiantes de Córdoba en 1974.

Tres días después de conmemorarse el Día Mundial de la Salud Mental, la Argentina celebra cada 13 de octubre el Día del Psicólogo. Más allá de la cercanía cronológica entre ambas fechas, la efeméride nacional invita a detenernos en una pregunta fundamental que atraviesa la práctica clínica y social: ¿qué lugar ocupa la profesión frente al sufrimiento humano y qué prácticas elegimos sostener? Lejos de nacer de un simple decreto administrativo, la fecha remonta a un momento de profunda lucha identitaria y política.

El origen de la conmemoración se halla en el Primer Encuentro Nacional de Psicólogos y Estudiantes de Psicología, llevado adelante en la provincia de Córdoba entre el 11 y el 13 de octubre de 1974. Aquel cónclave no constituyó un mero encuentro académico, sino una masiva movilización de miles de profesionales y estudiantes que buscaban conquistar un espacio propio dentro del campo de la salud y consolidar una identidad cuya autonomía frente al saber médico tradicional se encontraba fuertemente debatida. Enmarcado por los analistas en el período conocido como "el estallido de las instituciones" (1970-1975), el movimiento cuestionó los cimientos del hospital psiquiátrico clásico, las jerarquías rígidas y propuso experiencias comunitarias, grupales y sociales donde la palabra del paciente comenzaba a ocupar un rol protagónico.

Del diagnóstico a la historia: el desafío de no reducir al sujeto a su enfermedad

La irrupción de la psicología en las instituciones sanitarias no se limitó a incorporar nuevas técnicas terapéuticas, sino que introdujo una pregunta esencial que transformó el paradigma de atención: ¿Quién es ese sujeto detrás del diagnóstico?

Indagar en su historia, sus vínculos, su contexto cultural y las condiciones concretas de su existencia permitió comprender que el sufrimiento no ocurre dentro de un organismo aislado. Aunque los avances farmacológicos y los recursos médicos aportaron herramientas indispensables para tratar padecimientos severos, el riesgo latente —entonces y ahora— radica en que el diagnóstico reemplace a la biografía, convirtiendo al paciente en una etiqueta. Como advierten los profesionales, una lógica manicomial sobrevive cada vez que una intervención busca únicamente adaptar o silenciar un síntoma sin escuchar lo que le está ocurriendo a la persona.

A más de medio siglo de aquella gesta cordobesa, la celebración del 13 de octubre se consolida así como un recordatorio ineludible: reivindicar una profesión que logró conquistar un espacio para la palabra donde antes reinaba el encierro, y para la historia singular allí donde amenazaba con imponerse la clasificación del paciente.

Te puede interesar