lunes 21 de septiembre de 2026

Por qué un niño le puede significar un dolor de cabeza a Milei

14/07/2025

El reconocido Ian Moche, de 10 años y con autismo, puede traerle un gran dolor de cabeza al presidente Javier Milei. Es que el primer mandatario republicó un posteo que la familia del menor consideró agraviante y solicitó su eliminación.

Ante la presentación judicial, desde el gobierno se indicó que la cuenta de X de Milei donde se realizó la publicación expresa la opinión como persona del mandatario argentino.

No obstante, el fiscal federal Oscar Gutiérrez consideró en un dictámen que la cuenta verificada en X (ex Twitter) del Presidente debe considerarse un canal oficial, no solo encuadra un caso judicial en curso, sino que abre un debate más amplio: ¿dónde termina la voz del ciudadano y empieza la del funcionario en la era digital?

Un tuit, un niño y una demanda

Todo comenzó con una publicación polémica. Javier Milei compartió en su cuenta @JMilei una imagen de Ian Moche —niño de 10 años con autismo e influencer en redes sociales— junto a Cristina Fernández de Kirchner. En ese posteo, el presidente arremetió contra el periodista Paulino Rodríguez, lo vinculó con el kirchnerismo y, en ese mismo movimiento discursivo, asoció indirectamente al niño con "el lado del mal".

La familia de Ian Moche reclamó públicamente el retiro de la publicación. Al no obtener respuesta oficial, inició una acción judicial bajo la figura de “medida autosatisfactiva”, una vía rápida para prevenir daños mayores. El argumento central: el presidente usó un canal institucional para estigmatizar a un menor.

El valor del dictamen: precedentes y contradicciones

En este contexto, el dictamen del fiscal Gutiérrez Eguía toma especial relevancia. Al considerar que la cuenta de Milei en X —con tilde gris, distintivo de funcionarios públicos— se utiliza con fines institucionales, establece un criterio jurídico que podría repercutir en múltiples áreas: desde la libertad de expresión hasta la rendición de cuentas en entornos digitales.

El abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez, representante legal de la familia, remarcó que este pronunciamiento “contradice la postura del Gobierno”, que venía sosteniendo que las publicaciones en X eran simples “expresiones personales” del mandatario. En los hechos, este criterio sienta un precedente sobre el uso de redes por parte de autoridades públicas.

Proyección sobre otros casos: el antecedente de $Libra

El impacto del dictamen no se agota en la causa Moche. Podría reactivarse una línea argumental en otra denuncia que involucra al propio Milei: su rol en la promoción de la criptomoneda $Libra, por la que fue acusado de estafa en 2022. En aquella oportunidad, su defensa sostuvo que había actuado como economista privado. Si se sostiene la tesis de que toda publicación hecha desde una cuenta oficial debe considerarse parte del ejercicio de la función pública, esa argumentación podría quedar invalidada.

Gil Domínguez lo resumió con claridad: “Este es un precedente muy importante porque deja asentado que cualquier presidente que use X con la tilde gris lo está haciendo en ejercicio de su función y no hay ninguna duda de esto”.

¿Dónde termina la cuenta personal?

Más allá de la causa puntual, lo que está en juego es una discusión sobre los límites entre lo público y lo privado en la comunicación digital de quienes ejercen cargos públicos. ¿Es posible separar al "Javier Milei ciudadano" del "presidente Javier Milei" cuando escribe en una cuenta oficial que lo identifica como jefe de Estado?

El fallo del juez federal Alberto Osvaldo Recondo, que aceptó la competencia del caso y dio cinco días al presidente para presentar su descargo, puede ser el primer paso de una nueva jurisprudencia que redefina el modo en que los funcionarios comunican, atacan o se expresan en redes sociales.

Conclusión: la nueva arena de la política

El episodio no es menor ni aislado. En tiempos donde gran parte de la acción política se juega en redes, lo que se diga —y desde qué cuenta se diga— puede tener consecuencias legales, sociales y éticas. La tensión entre libertad de expresión, responsabilidad institucional y protección de derechos fundamentales —especialmente cuando se trata de niñas, niños o personas con discapacidad— está más viva que nunca.

El caso Milei-Moche es, en definitiva, una advertencia sobre el poder —y los límites— del lenguaje digital en manos del poder real.