jueves 17 de septiembre de 2026

INCENDIOS FORESTALES

Tres nuevos focos en Los Alerces apuntan a la intencionalidad del fuego

Las llamas fueron combatidas en las últimas horas, en una zona donde se consumieron unas 16 mil hectáreas en los últimos meses.
24/02/2026
Desde principios de diciembre, el fuego consumió unas 16 mil hectáreas en esa zona. Foto: archivo
Desde principios de diciembre, el fuego consumió unas 16 mil hectáreas en esa zona. Foto: archivo

El fuego no cesa y los incendiarios no descansan. En las últimas horas, la cordillera del Chubut vuelve a arder. Y no es el rayo ni el descuido los que encienden la tragedia, sino la sospecha persistente de manos que actúan en la sombra. Tres nuevos focos de incendio en la zona del Parque Nacional Los Alerces, en Chubut, refuerzan la inquietante presunción de que el fuego no es casual, sino premeditado. La Policía y la Justicia investigan mientras el bosque —silencioso y milenario— vuelve a ser herido.

Desde principios de diciembre, unas 16 mil hectáreas han sido devoradas por las llamas en esta franja cordillerana donde el verde suele imponerse al viento. Pero ahora el paisaje es otro: humo espeso, troncos calcinados y ceniza que flota como una nevada oscura.

El foco más activo y amenazante se desató en el sector conocido como “La Tapera”, dentro del parque. Allí, el incendio se multiplicó en focos secundarios durante la tarde del lunes, avivado por ráfagas que superaron los 50 kilómetros por hora. El viento —aliado feroz del desastre— empujó las llamas con una violencia que parecía calculada.

Brigadistas de Parques Nacionales, personal del Servicio Provincial de Manejo del Fuego y bomberos voluntarios de Trevelin, junto a cuarteles de la región, se desplegaron con urgencia. Su tarea fue clara y titánica: frenar el avance del fuego y evitar que más bosque ancestral se convierta en memoria carbonizada. Durante la noche, algunos pobladores debieron abandonar sus hogares por precaución, mientras el resplandor anaranjado teñía la oscuridad.

Las autoridades pidieron extrema precaución a quienes transiten por la Ruta Nacional 259, especialmente en la zona de Los Cipreses, donde el ir y venir de vehículos de emergencia se volvió incesante. También se restringió la navegación en el río Grande–Futaleufú, en el sector de Puerto Ciprés, como si el agua misma necesitara resguardarse del asedio del fuego.

Pero la noche no trajo calma. El domingo, otro incendio se desató en Laguna Larga, en jurisdicción provincial, a pocos kilómetros de Villa Futalaufquen. El foco fue detectado cerca de las 22, en un área de difícil acceso. Guardaparques, brigadistas y técnicos trabajaron hasta la madrugada para contenerlo, luchando contra un enemigo que parece conocer el terreno y elegir sus momentos.

Mientras tanto, el incendio iniciado el 5 de diciembre continúa en fase de “contenido”, según el Comando Unificado. Una palabra frágil, atada a la voluntad del clima. Si el viento vuelve a soplar con furia, todo puede cambiar.

El operativo se sostiene con una estrategia conjunta entre la Administración de Parques Nacionales, la Agencia Federal de Emergencias del Ministerio de Seguridad de la Nación y el Gobierno de Chubut. En el sur del parque, el incendio “La Tapera” también fue catalogado como contenido, aunque nadie se atreve a dar la batalla por ganada.

Unas 16 mil hectáreas consumidas por el fuego

En las aproximadamente 16 mil hectáreas afectadas, el monitoreo es permanente. Se vigila el pulso del incendio y la estabilidad del terreno para proteger a quienes combaten las llamas. Pero más allá de los partes oficiales y las cifras, la cordillera enfrenta algo más profundo: la reiteración de fuegos que no parecen azarosos.

Porque cuando los focos se multiplican en distintos puntos, cuando nacen en la noche y en zonas remotas, la sospecha se convierte en herida abierta. Y la cordillera, que debería ser refugio de vida y memoria, sigue siendo escenario de incendios que todo indica no son obra del destino, sino de una voluntad oscura que insiste en convertir el bosque en ceniza.