martes 13 de octubre de 2026

EDITORIAL

El camino neuquino hacia 2030 ya está trazado sobre suelo firme

Con Vaca Muerta como motor, inversión estratégica en infraestructura y una fuerte articulación con empresas privadas, Neuquén convierte crecimiento energético en desarrollo económico y bienestar social.

Neuquén dejó de pensar el crecimiento como una promesa y comenzó a construirlo como una certeza. Con planificación, administración eficiente y una hoja de ruta clara hacia 2030, la provincia avanza sobre bases sólidas en un proceso que tiene como eje multiplicar la producción hidrocarburífera, consolidar infraestructura estratégica y traducir esa expansión económica en mejoras concretas para la vida de sus habitantes. La gestión de Rolando Figueroa no sólo proyecta más extracción de petróleo y gas desde Vaca Muerta, sino también una provincia más integrada, más competitiva y con mayores oportunidades de desarrollo.


Ese horizonte tiene un diferencial que distingue a Neuquén del resto del país: el crecimiento no se apoya exclusivamente en la inversión pública ni descansa únicamente sobre el músculo privado, sino en una articulación inteligente entre ambos sectores. El fideicomiso vial acordado con compañías como YPF, Chevron, Shell, Pan American Energy, Pampa Energía, Vista Energy, Pluspetrol y otras operadoras marca un antes y un después: la industria acompaña con financiamiento para obras estratégicas en rutas, porque entiende que invertir en infraestructura también mejora su propia competitividad. Es un esquema moderno, inédito y con reglas claras.


Las rutas que se proyectan, construyen o repavimentan en la región productiva -la Provincial 7, la 8, la 17, la 51, la 67, además de conexiones clave hacia Añelo, Rincón de los Sauces y el límite con Río Negro- son mucho más que caminos para camiones petroleros. Son corredores de desarrollo. Reducen costos logísticos, mejoran la seguridad vial, agilizan el tránsito de bienes y personas, potencian el turismo interno y receptivo, y fortalecen otras actividades económicas como el comercio, la construcción, la producción regional y los servicios. Cada kilómetro asfaltado no sólo acerca pozos a mercados: también acerca oportunidades a la comunidad.


Allí aparece con nitidez el corazón del modelo neuquino: ganar-ganar. Gana la provincia porque acelera infraestructura que, de otro modo, demandaría años de financiamiento exclusivamente estatal; gana la industria porque opera con mayor eficiencia y previsibilidad; y gana la sociedad porque esa transformación deja beneficios permanentes en conectividad, empleo, actividad económica y calidad de vida. La renta de Vaca Muerta deja de ser un recurso abstracto para convertirse en bienestar tangible. Ese es, probablemente, el mayor cambio de paradigma que impulsa Figueroa.


Esa combinación de orden fiscal, visión estratégica y articulación público-privada empezó a captar atención fuera de Neuquén. En Buenos Aires, industriales, analistas económicos y observadores de la política nacional siguen de cerca la experiencia neuquina como un caso exitoso de gestión. No son pocos quienes comienzan a ubicar a Figueroa entre los dirigentes con proyección nacional e incluso lo mencionan en escenarios presidenciales futuros. Sin embargo, el gobernador fue claro en más de una oportunidad: su interés está puesto en Neuquén y en consolidar una transformación profunda de la provincia, no en alimentar especulaciones electorales.


Quizás allí radique buena parte de su fortaleza política. Mientras otros se concentran en la próxima elección, Neuquén trabaja en la próxima década. Con un horizonte 2030 definido, con producción energética en expansión, con infraestructura que acompaña ese salto y con un modelo colaborativo que reparte beneficios entre Estado, empresas y ciudadanía, la provincia avanza sobre suelo firme. Y cuando una provincia logra construir certidumbre en medio de la incertidumbre argentina, inevitablemente empieza a marcar el rumbo.