domingo 6 de septiembre de 2026

NUEVOS BOMBARDEOS

La guerra entre Estados Unidos e Irán ya impacta en el bolsillo de los argentinos

Recrudeció en las últimas horas el conflicto en torno al estrecho de Ormuz. Se dio a conocer un análisis de la CEPAL.
13/07/2026
Nuevos bombardeos a Irán confirmó Estados Unidos en la mañana de este lunes. Foto: NA
Nuevos bombardeos a Irán confirmó Estados Unidos en la mañana de este lunes. Foto: NA

Una serie de fuertes explosiones sacudió durante la madrugada de este lunes tres ciudades portuarias del sur de Irán: Sirik, Bandar Abbas y Jask, todas ubicadas en la provincia de Hormozgán. La información fue difundida por el medio estatal iraní Press TV, que reportó los estallidos casi en simultáneo.

Horas después, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó a través de la red social X que había ejecutado nuevos ataques contra territorio iraní. Según el comunicado oficial, el objetivo de la operación es seguir reduciendo la capacidad de Irán para amenazar a buques comerciales y marineros civiles que navegan por el estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo para el transporte de energía.

El episodio se suma a una guerra que comenzó a fines de febrero y que, lejos de resolverse, sigue generando ondas expansivas que llegan mucho más allá de Medio Oriente. Una de ellas golpea de lleno a la economía argentina.

El informe de la CEPAL: cómo afecta la guerra a la Argentina

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó un análisis específico sobre las consecuencias del conflicto para la región y, en particular, para la Argentina. La conclusión del organismo es que el país enfrenta un escenario de "ganadores y perdedores" simultáneos, con efectos que se contrarrestan entre sí.

América Latina, en términos generales, está mejor posicionada que Europa o Asia frente a esta crisis, gracias a su menor dependencia energética de Medio Oriente y a la existencia de países exportadores de hidrocarburos dentro de la propia región.

El lado positivo: más dólares por exportaciones

El primer efecto que identifica la CEPAL es favorable para las cuentas externas argentinas. La suba internacional del petróleo, los cereales y algunos metales mejoraría el saldo comercial del país en unos 6.600 millones de dólares anualizados, solo por el impacto de los precios. Esa cifra equivale, aproximadamente, a un mes completo de importaciones argentinas.

De ese total, cerca de 3.100 millones de dólares provendrían del campo, de la mano de las subas del trigo, la soja y el girasol. Otros 2.500 millones corresponderían al sector energético, impulsado tanto por el mayor precio del crudo como por el crecimiento sostenido de la producción de hidrocarburos no convencionales en yacimientos como Vaca Muerta, en Neuquén. La minería completaría el cuadro con ingresos adicionales gracias a la suba de los metales preciosos.

El contexto, además, encuentra a la Argentina en una posición más sólida que en crisis energéticas anteriores: durante el primer bimestre de 2026, el sector minero registró un superávit cambiario récord de 1.500 millones de dólares y el energético sumó otros 1.900 millones, mientras que las exportaciones de energía acumularon en los últimos doce meses un máximo histórico de 11.100 millones de dólares.

Ese impulso también tendría correlato fiscal: la CEPAL estima ingresos extraordinarios equivalentes al 0,14% del PIB a través de los derechos de exportación, repartidos entre el agro y el complejo hidrocarburífero.

El lado negativo: más inflación para los argentinos

La contracara de ese ingreso extra de divisas es un impacto directo sobre los precios internos. Utilizando una metodología desarrollada por Goldman Sachs, la CEPAL construyó tres escenarios posibles según la magnitud del aumento del precio de la energía:

Con una suba internacional del 25%, la inflación argentina sumaría 0,9 puntos porcentuales adicionales.

Con un incremento del 38%, el impacto treparía a 1,4 puntos.

En el escenario más severo, con un alza del 67% —similar a lo ya observado—, la inflación podría aumentar hasta 2,5 puntos porcentuales.

El cálculo parte de la base de que aproximadamente el 60% del incremento internacional de los combustibles termina trasladándose a los precios que paga el consumidor local.

Ese efecto ya es visible: en marzo, cuando los combustibles subieron con fuerza, la inflación mensual llegó al 3,4%, el registro más alto desde marzo de 2025. Según la CEPAL, solo el aumento de los combustibles explicó hasta 0,7 puntos de ese índice. A esto se suman efectos indirectos por el mayor costo del transporte, los fletes internacionales y los insumos importados, que terminan encareciendo una amplia gama de productos y servicios.

El sector agropecuario tampoco está exento del impacto negativo: la Argentina importa más del 60% de los fertilizantes que utiliza, por lo que el encarecimiento de ese insumo podría erosionar buena parte de la ganancia obtenida por los mejores precios de exportación.

Riesgos financieros adicionales para la Argentina

Más allá del efecto directo sobre precios y comercio exterior, la CEPAL advierte sobre un tercer frente de riesgo: el financiero. Si la inflación mundial persiste, la Reserva Federal de Estados Unidos y otros bancos centrales podrían verse obligados a sostener tasas de interés elevadas durante más tiempo. Eso encarece el crédito internacional y complica el regreso de los países emergentes, incluida la Argentina, a los mercados de deuda.

A esto se suman desafíos ya conocidos de la economía local, como la concentración de vencimientos de deuda y la necesidad de reforzar las reservas internacionales. Un eventual aumento de la aversión al riesgo a nivel global también podría presionar al alza el riesgo país, con condiciones menos favorables para el financiamiento externo.

Un escenario de equilibrio incierto

La conclusión del informe deja a la Argentina en una posición ambivalente. Por un lado, la guerra entre Estados Unidos e Irán mejora los precios de los principales productos de exportación del país y genera un ingreso adicional de divisas. Por el otro, empuja al alza la inflación, encarece los costos de producción y suma presión sobre un contexto financiero internacional ya de por sí desafiante.

Con los nuevos ataques reportados esta madrugada en el sur de Irán, la pregunta que empieza a instalarse es hasta cuándo se sostendrá este equilibrio y qué escenario —el de los "ganadores" o el de los "perdedores"— terminará pesando más en la economía argentina durante el resto de 2026.

Por qué el estrecho de Ormuz es clave para la economía mundial

El estrecho de Ormuz no es un punto geográfico cualquiera: por sus aguas circula alrededor de un tercio del petróleo crudo que se transporta por mar en todo el planeta, además de una porción muy relevante del gas licuado de petróleo y del gas natural licuado que se comercializa globalmente. Cualquier interrupción, real o potencial, en ese corredor dispara de inmediato los precios internacionales de la energía.

Eso fue exactamente lo que ocurrió desde el inicio del conflicto. El barril de petróleo Brent llegó a cotizar en torno a los 120 dólares en abril, un salto de casi el 70% respecto de los valores previos a la guerra. El encarecimiento no se limitó al crudo: los fertilizantes treparon un 44% entre febrero y abril, la urea —insumo clave para la producción agrícola— se disparó más del 80%, y tanto el diésel como la gasolina acumularon subas cercanas al 70%.

Frente a este escenario, el Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó al alza sus proyecciones de inflación global para 2026, que pasaron de un 3,8% a un 4,4%, con la posibilidad de escalar hasta el 5,8% en los escenarios más adversos. En paralelo, el organismo recortó sus estimaciones de crecimiento económico mundial, que podrían caer hasta el 2% si la guerra se extiende en el tiempo.