VACA MUERTA

Shell invertirá US$ 700 millones en Vaca Muerta para ampliar su producción en Bajada de Añelo

La petrolera Shell inauguró una nueva planta de tratamiento de crudo y gas en Bajada de Añelo y confirmó una inversión de US$ 700 millones en 2026

A unos cuarenta minutos del casco urbano de Añelo, lejos del intenso tránsito de la ruta 7, una estructura de acero se impone en la estepa patagónica, con el volcán Auca Mahuida como telón de fondo. Allí, en el bloque Bajada de Añelo, Shell puso en marcha su nueva planta de procesamiento de crudo y gas, una obra clave que consolida su apuesta por el desarrollo no convencional en Vaca Muerta.

La inauguración de la planta llega en un contexto de versiones sobre una eventual salida de la compañía de algunos activos en la Argentina. Sin embargo, los números desmienten esos rumores. Para 2026, Shell definió un plan de inversiones por US$ 700 millones en Vaca Muerta, un monto superior al ejecutado el año anterior y orientado a acelerar la monetización de un bloque de alta complejidad geológica.

Bajada de Añelo se extiende sobre unas 200 kilómetros cuadrados y se ubica en la denominada “ventana de transición” de la formación. En pocos kilómetros, el subsuelo cambia radicalmente: en un extremo predomina el crudo volátil y en el otro el gas rico con condensados, con una relación gas-petróleo que puede variar hasta diez veces. Para abordar ese desafío, Shell y su socia YPF diseñaron una planta EPF (Early Production Facility) modular y flexible.

La construcción demandó más de tres años y atravesó obstáculos externos como la pandemia, el cepo cambiario y las restricciones a las importaciones. El resultado es una instalación pensada no como solución definitiva, sino como una plataforma de aprendizaje técnico para reducir riesgos y profundizar el conocimiento del comportamiento de la roca, complementando otros desarrollos de Shell en la ventana de petróleo negro, como Sierras Blancas, Cruz de Lorena y Coirón Amargo Sur Oeste.

“Este hito es fundamental para nuestros planes de desarrollo en Bajada de Añelo, ya que nos permitirá ampliar la capacidad de procesamiento y producción de petróleo y gas, y profundizar el conocimiento de la ventana de transición de Vaca Muerta”, explicó Germán Burmeister, presidente de Shell Argentina, Chile y Uruguay, durante una recorrida por las instalaciones.

La puesta en marcha de la planta se concretó hacia fines de 2025 y fue definida internamente como un flawless start-up: un arranque sin incidentes de seguridad ni ambientales. La obra involucró a más de 140 contratistas y generó empleo directo e indirecto para unas 1.500 personas, con picos de hasta 300 trabajadores en simultáneo.

En su diseño original, la EPF tiene capacidad para procesar 15.000 barriles de petróleo y 2 millones de metros cúbicos de gas por día, con una ampliación prevista que permitirá elevar esos niveles a 20.000 barriles y 2,5 millones de metros cúbicos diarios. Actualmente, la planta opera al 50% de su capacidad, con unos 8.000 barriles de crudo y 1,2 millones de metros cúbicos de gas por día.

Para alimentar la nueva infraestructura, Shell mantiene una hoja de ruta de perforación sostenida. Hoy, 15 pozos aportan producción al sistema y durante 2026 se prevé la terminación de siete nuevos pozos. La campaña se apoya en un esquema de eficiencia con dos equipos: un spudder rig para la sección vertical y un walking rig de alta especificación para perforar ramas laterales de hasta 3.000 metros.

El plan se extiende hasta 2027, cuando la compañía proyecta perforar cuatro pozos adicionales para completar la capacidad de carga de la planta y validar el potencial de desarrollo masivo del área. En paralelo, la infraestructura incorpora tecnología orientada a minimizar impactos ambientales, como sistemas de combustión completa en antorchas, recuperación de vapores y generación eléctrica con gas propio del yacimiento.

Con esta inversión, Shell refuerza su presencia en Vaca Muerta y apuesta a convertir a Bajada de Añelo en uno de sus principales activos productivos en la Argentina, en un contexto donde la escala, la eficiencia y la reducción de emisiones se vuelven variables centrales del desarrollo no convencional.

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