INCENDIOS FORESTALES
Aviones y helicópteros vuelven a combatir focos en Chubut
El agua, arrojada desde el cielo por aviones y helicópteros, volvió a mostrar la escena más temida sobre el Parque Nacional Los Alerces: columnas de humo elevándose como presagios y un bosque herido que, desde diciembre, ya ha perdido 16 mil hectáreas bajo el avance voraz del fuego.
Cuando en las últimas semanas las llamas parecían haberse rendido, nuevos focos —presuntamente intencionales— despertaron entre el domingo y el lunes. Y entonces el paisaje volvió a poblarse de siluetas incansables: brigadistas cubiertos de hollín, bomberos tensos frente al viento cambiante y aeronaves que surcan el aire con el peso urgente del agua.
El frente más inquietante arde en la zona de La Tapera y Puerto Café. Allí, tierra, agua y cielo se conjugan en un mismo esfuerzo para impedir que el fuego avance hacia territorios aún intactos, frágiles, sagrados. Este miércoles operan siete medios aéreos gestionados por la Agencia Federal de Emergencias: tres aviones hidrantes AT 802, dos AT 802 anfibios Fire Boss y dos helicópteros Bell 407 del Servicio Nacional de Manejo del Fuego. Desde las alturas, descargan su carga líquida con la precisión de quien intenta suturar una herida abierta.
En el sector sur del parque, el combate es coordinado por un Comando Unificado integrado por la Agencia Federal de Emergencias, la Administración de Parques Nacionales y el Gobierno del Chubut. Es una batalla organizada, pero desigual: el enemigo es imprevisible, se oculta en el viento y renace en la sequedad del monte.
Aprovechando una mejora temporal del clima, las cuadrillas ingresaron este miércoles al incendio de La Tapera. La jornada comenzó con embarcaciones facilitadas por guías locales que trasladaron al personal entre aguas tensas y cielos cargados de humo. En tierra, la maquinaria abrió cortafuegos y fajas de contención, cicatrices necesarias para frenar el avance incansable de las llamas.
Desde el Comando destacaron la solidaridad de los pobladores de ambas márgenes del río Grande–Futaleufú, en la zona de Los Cipreses. Vecinos y productores rurales cedieron espacios para bases logísticas y sostienen tareas de asistencia en Puerto Ciprés y Río al Límite. En medio de la amenaza, la comunidad se vuelve refugio.
Sin embargo, los focos vinculados a Puerto Café y La Tapera continúan activos. El operativo reforzado no cesa: cada descarga aérea, cada línea de agua, cada palada contra el fuego es un intento por salvar lo que aún respira.
Qué dijeron desde Parques Nacionales
El delegado del Directorio de Parques Nacionales en la Intendencia del parque, Ariel Rodríguez, advirtió sobre el origen de los siniestros: la intencionalidad manifiesta en muchos de ellos agrava el daño. No solo se hiere al delicado ecosistema de los bosques patagónicos; también se golpean los bienes y la vida cotidiana de los pobladores rurales, y se oscurece la actividad turística que da sustento a la región.
Con apoyo del Ministerio de Seguridad de la Nación, se reforzaron controles en portadas, predios rurales y caminos vecinales. Patrullas especiales vigilan movimientos en zonas pobladas, atentas a presencias ajenas a la comunidad. El fuego no solo se combate con agua: también con prevención.
Por razones de seguridad, fueron suspendidas las actividades náuticas en el embalse Amutui Quimey y en sectores del río Grande–Futaleufú cercanos a La Tapera, debido a la recarga intermitente de las aeronaves. Y en las rutas 71 y 259, donde conviven vehículos particulares y móviles de emergencia, se exige máxima precaución: dentro del parque la velocidad no debe superar los 40 km/h y los móviles oficiales tienen prioridad absoluta de paso.
Mientras el combate continúa y el riesgo de nuevos focos permanece crítico, el destino del parque parece atado al pulso del clima. Las próximas horas serán decisivas. En uno de los territorios más emblemáticos de la Patagonia, cada ráfaga de viento puede ser amenaza o alivio, y cada gota de agua, una promesa de esperanza.