AM CUMBRE
Con el salario mínimo, sólo se pueden comprar alimentos durante 17 días
Un relevamiento de la Fundación Colsecor advirtió sobre el fuerte deterioro del poder adquisitivo en pequeñas localidades del país: actualmente, el salario mínimo alcanza para cubrir apenas 17 días de la canasta básica alimentaria de una familia tipo. En declaraciones a AM Cumbre 1400, el asesor de la entidad Gerardo Sánchez alertó sobre el impacto directo en las condiciones de vida.
En diálogo con los periodistas Mario Nico González y Evangelina Zingoni, en el programa Nada sucede dos veces, Sánchez recordó que Colsecor está integrada por cooperativas de servicios públicos y comunicación —principalmente en pueblos de entre mil y cinco mil habitantes— y cumple un rol central en zonas donde el acceso a servicios como internet, electricidad, agua o telefonía depende del trabajo comunitario. Estas cooperativas decidieron conformar una fundación para estudiar la realidad económica y social de un “país que muchas veces no está en la agenda pública”.
Desde hace más de cuatro años, la fundación mide mensualmente el costo de la canasta básica alimentaria con la misma metodología que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), relevando 55 productos esenciales.
El último informe indica que un adulto equivalente —una persona de 35 años— necesita alrededor de 200 mil pesos mensuales para cubrir sus necesidades alimentarias mínimas. En tanto, una familia tipo de cuatro integrantes requiere cerca de 600 mil pesos por mes solo para alimentarse.
“Estamos midiendo la línea de indigencia, es decir, el costo mínimo para cubrir las calorías necesarias con una dieta básica y variada”, explicaron desde la organización.
Al comparar estos valores con el salario mínimo, el panorama resulta preocupante. “Hace cuatro años alcanzaba para cubrir los 30 días del mes. Hoy apenas llega a 17”, señalaron. Se trata, además, del nivel más bajo de toda la serie relevada.
Aumentan más los alimentos que el salario
El informe también destaca que este es el séptimo mes consecutivo en el que el aumento de la canasta alimentaria supera al del salario mínimo. La tendencia incluso se replica en los salarios registrados, que representan el segmento mejor remunerado del mercado laboral formal.
En relación con las cifras oficiales de pobreza, desde la fundación sostienen que no hay manipulación en los datos del INDEC, aunque advierten sobre limitaciones metodológicas. “La medición por ingresos tiene sentido, pero puede resultar insuficiente en contextos inflacionarios altos. No siempre refleja la realidad completa”, indicaron.
Más allá de los números, el trabajo aporta indicios concretos sobre cambios en los hábitos de consumo. A partir de relevamientos en comercios locales —supermercados y almacenes—, se detectó una fuerte migración hacia segundas y terceras marcas, así como la aparición de nuevas opciones más económicas.
Sin embargo, uno de los fenómenos más significativos es la reducción en el tamaño de los productos. “Antes se relevaban precios de unidades grandes, como hormas de queso. Hoy predominan presentaciones mucho más pequeñas, como sobres de 100 o 20 gramos”, explicaron.
Este fenómeno, conocido como “reducción de envases”, responde a la necesidad de mantener precios accesibles en términos absolutos, aunque implique pagar más por menor cantidad.
Deterioro de la calidad de vida
Si bien la fundación no mide directamente estrategias de financiamiento de alimentos o salteo de comidas, sus indicadores muestran con claridad la pérdida de poder adquisitivo. “No hay forma de que, si antes alcanzaba para 30 días y ahora para 17, no haya un deterioro en la calidad o cantidad del consumo”, afirmaron.
El informe concluye que, en las pequeñas localidades del país, la combinación de ingresos rezagados y aumento sostenido de los alimentos está generando un impacto directo en las condiciones de vida, reflejado tanto en los hábitos de consumo como en la calidad de la alimentación.