sábado 5 de septiembre de 2026

EDITORIAL

De villano a héroe y de héroe a villano

La vuelta de Di María no solo manchó su legado. Destapó la podredumbre de una AFA que maneja el fútbol argentino como un feudo personal.
14/05/2026

La carrera de Ángel Di María es de película. Jugó en los mejores clubes del mundo, ganó todo lo que se le cruzó, cosechó títulos con equipos y reconocimientos individuales por decenas. Pero con la Selección Argentina, la historia fue muy distinta durante mucho tiempo.

Durante años, el 90% de los hinchas argentinos —y me incluyo— no lo quería en el equipo. La razón era clara: las lesiones en los momentos que más importaban. El partido contra Bélgica en el Mundial 2014. Las finales de Copa América. Di María era parte de una generación que llegó a todo y no ganó nada, una generación cuestionada en bloque: Messi, el Kun, el Pipita, Mascherano. Pero Di María, en particular, cargaba con una mochila más pesada que el resto.

La revancha llegó en la Copa América 2021. Final contra Brasil, en Brasil. Di María fue estelar. Puso el gol de la victoria y empezó a cambiar una imagen que parecía imposible de reparar. Eso se profundizó para bien en el Mundial Qatar 2022, donde fue clave en varios partidos, incluyendo un gol en la final y una actuación descomunal. Ahí, por fin, Di María pasó de ser el villano al héroe. Me atrevo a decir que del 100% del hincha argentino.

Muchos lo ponían en el top 3 o top 4 de los mejores futbolistas de la historia argentina, junto con Maradona y Messi. Todo el país lo quería. Todo el país lo aplaudía. El arco era perfecto.

El error que lo destruyó

Pero Di María no se quedó con ese lugar. En vez de retirarse con la gloria ganada, eligió volver a Rosario Central. Decisión respetable, bienvenida incluso. Todo el fútbol argentino estaba contento de verlo en las canchas locales, vistiendo la camiseta de su club de toda la vida. Eso no se discute. El problema no es ese.

El problema es lo que vino después. Desde que Di María llegó a Central, Rosario Central es un equipo mimado por la AFA. Un equipo protegido. Un equipo al que se le hacen los reglamentos a medida.

El ejemplo más grosero: el torneo ya había terminado cuando el Comité Ejecutivo de la Liga Profesional decidió, entre gallos y medianoche, coronar a Rosario Central como "Campeón de Liga" por haber terminado primero en la tabla anual. Un título que no existía en el reglamento. Un título que ninguno de los 30 equipos sabía que estaba en juego. Un título inventado sobre la marcha para darle a Di María la copa que le faltaba.

El propio Di María lo había dicho después del partido que le dio el primer lugar en la tabla: "Ser campeón con Central es lo único que me falta." Veintiún días después, Tapia y su Comité Ejecutivo le cumplieron el deseo. Así, sin más. Cambiando las reglas. Estudiantes de La Plata salió a aclarar que en esa reunión no hubo ninguna votación. Desde la AFA respondieron con el acta y con los insultos. El circo de siempre.

Chiqui Tapia y el feudo

Claudio "Chiqui" Tapia maneja la AFA como un feudo. Eso no es novedad. Pero la vuelta de Di María le dio una nueva herramienta: la excusa del ídolo. Todo lo que se hace en favor de Central ahora viene envuelto en el papel de regalo del héroe de Qatar. Es más difícil de criticar. Es más fácil de justificar. Y eso es exactamente lo que Tapia necesita.

Los árbitros, las polémicas, los fallos. El último partido de Racing contra Central con dos expulsados académicos, con un arbitraje que pareció diseñado para un solo equipo. Di María en el centro de la tormenta, siendo el beneficiario visible de cada decisión cuestionable.

Cuando le señalan esto, Di María sale a defenderse con otro argumento. En sus redes, atacó al periodismo porteño y habló de doble vara contra los equipos del interior. "Cómo molesta que Central pelee todo", escribió. Pero el problema no es que Central pelee. El problema es cómo lo hace. A Barracas Central y a Riestra también se les cuestiona, y son de Buenos Aires. Al resto de los equipos del interior no se les cae con este peso. Di María erra el enfoque —quizá a propósito— para llevar la discusión al terreno de unitarios contra federales. No se trata de eso.

Se trata de corrupción. Se trata de favoritismo. Se trata de un presidente de la AFA que modifica reglamentos para cumplirle los sueños a un jugador y de paso, mantenerse en el poder que tanto le gusta y que tanto se le cuestiona. 

El final que no merecía

Di María era odiado. Lo cuestionaron durante años por sus fracasos con la Selección. Con perseverancia, con goles en los momentos que importaban, logró dar vuelta esa imagen y ganarse el cariño de una nación entera. Fue un arco hermoso. Un final digno para una carrera extraordinaria.

Y ahora lo dinamitó. Eligió ser cómplice. Eligió mirar para otro lado mientras su llegada le sirve de escudo a la corrupción organizada del fútbol argentino. Su vuelta, que pudo haber sido una fiesta, se convirtió en una de las peores cosas que le pasaron al fútbol local.

No porque volvió. Sino por cómo se manejó todo lo que vino después.

Tristísimo final, Ángel. Tristísimo y lamentable.