viernes 4 de septiembre de 2026

OPERACIONES CONTRA ARGENTINA

La otra final que juega Argentina: la batalla contra la desinformación en internet y la campaña en contra de nuestro país

Las críticas ya no apuntan únicamente al capitán de la Selección. En los últimos años, distintas narrativas virales comenzaron a extender cuestionamientos hacia la identidad, la cultura y la sociedad argentina, muchas veces apoyadas en contenidos descontextualizados.
21/07/2026
La campaña antiArgentina empezó en redes sociales y continuará por un largo tiempo.
La campaña antiArgentina empezó en redes sociales y continuará por un largo tiempo.

En diciembre de 2022, Lionel Messi era celebrado prácticamente por todo el planeta. La conquista del Mundial de Qatar fue presentada como el cierre perfecto de una carrera histórica y la imagen del capitán argentino levantando la Copa recorrió el mundo como símbolo de superación deportiva.

Poco tiempo después, el clima en las redes sociales cambió de manera llamativa. Videos editados, publicaciones virales y miles de comentarios comenzaron a instalar una imagen completamente distinta del mejor futbolista del mundo. Pero el fenómeno no quedó solamente en Messi.

Con el paso del tiempo, las críticas empezaron a trasladarse hacia la propia Argentina. En distintas plataformas digitales comenzaron a multiplicarse publicaciones que presentan al país como racista, xenófobo, soberbio o tramposo, transformando discusiones futbolísticas en ataques mucho más amplios contra la identidad nacional.

Del fútbol a la construcción de un relato

Las redes sociales funcionan hoy como un enorme amplificador de emociones.

Un recorte de una jugada, una declaración fuera de contexto o una polémica arbitral pueden convertirse en millones de reproducciones en cuestión de horas. Los algoritmos premian aquello que genera enojo, indignación o enfrentamiento, haciendo que los contenidos más extremos sean también los más visibles.

En ese contexto, Messi y la Selección Argentina dejaron de ser solamente protagonistas deportivos para convertirse en símbolos sobre los cuales se proyectan distintos relatos.

Cada torneo importante revive acusaciones similares. Se cuestionan los festejos argentinos, la personalidad de los jugadores, el comportamiento de los hinchas e incluso aparecen generalizaciones que buscan presentar esas conductas como representativas de toda una sociedad.

De las acusaciones contra Messi al ataque contra todo un país

Una parte central de la campaña buscó presentar a Messi como el beneficiario de un Mundial preparado de antemano. Circularon videos de Gianni Infantino supuestamente molesto por goles contra Argentina, aunque las imágenes pertenecían a otros partidos. También se difundió un audio manipulado sobre un encuentro entre dirigentes, fotografías creadas con inteligencia artificial y una falsa infracción de Messi antes de un gol. En TikTok, una publicación llegó a acusar al capitán argentino de ofrecer millones de dólares para recibir penales, sin acompañar la afirmación con una sola prueba. 

También se intentó instalar que una agencia denominada PR360 Sports pagaba a grandes cuentas para perjudicar a la Selección. La historia obtuvo millones de visualizaciones, pero terminó desmoronándose: el dominio de la supuesta empresa había sido registrado después de la primera denuncia, no existían empleados ni antecedentes comerciales comprobables y las capturas utilizadas como evidencia eran idénticas. 

Algo similar ocurrió con el sitio Argentina Out, presentado como una petición multitudinaria para expulsar al equipo del torneo. El enorme número exhibido en su portada fue reproducido como si representara millones de firmas verificadas. Sin embargo, la propia página terminó aclarando que se trataba únicamente de un contador visual. La votación reconocida por el sitio reunió menos de 100.000 participaciones, una cifra muy distante de la movilización mundial que se pretendía mostrar.

El salto del cuestionamiento deportivo a la acusación racial quedó expuesto con Samuel L. Jackson. El actor republicó ante sus millones de seguidores una imagen de la organización estadounidense SEC Black Alumni Network que pedía a las personas negras no alentar a Argentina y describía al país como uno de los más racistas del mundo. Jackson no escribió el mensaje original, pero al compartirlo multiplicó su alcance internacional sin aportar estadísticas, investigaciones o elementos que respaldaran semejante definición sobre toda una sociedad.

La publicación utilizó al personaje interpretado por Jackson en Django Unchained, vestido con la camiseta argentina, para ridiculizar a los simpatizantes de la Selección. De ese modo, un supuesto mensaje contra la discriminación terminó recurriendo a otro prejuicio: atribuir una característica moral negativa a millones de personas solamente por su nacionalidad también es una forma de xenofobia.

Los hechos reales no justifican una condena colectiva 

El propio monitoreo de la FIFA registró un crecimiento extraordinario de los mensajes abusivos durante el Mundial, con ataques racistas y amenazas contra futbolistas de distintas selecciones. Hubo incidentes protagonizados por hinchas, dirigentes y figuras públicas de varios países. 

Tampoco existe un índice internacional reconocido que ubique a Argentina como “el país más racista del mundo”. Una comparación académica basada en la Encuesta Mundial de Valores colocó al país entre los de menor rechazo a tener vecinos de otra nacionalidad. Se trata de un indicador limitado y no demuestra que la discriminación no exista, pero alcanza para dejar en evidencia que la acusación viral no puede presentarse como un dato objetivo.

La historia de la población afroargentina también suele ser deformada en publicaciones que hablan de una eliminación deliberada y total. Los estudios históricos señalan una combinación mucho más compleja: desigualdad racial, participación desproporcionada de hombres negros en las guerras, mortalidad infantil y, especialmente, el enorme crecimiento de la inmigración europea durante el siglo XIX.

La reducción porcentual fue real y estuvo atravesada por injusticias, pero no responde al relato simplificado de un exterminio diseñado para borrar a todos los afroargentinos. El Censo 2022 registró 302.936 personas que se reconocieron afrodescendientes o con antepasados negros o africanos.

Argentina tiene problemas de discriminación, como cualquier sociedad, y debe discutirlos sin defensas automáticas. También cuenta con una extensa tradición migratoria, una Constitución que reconoce derechos civiles a los extranjeros y una legislación específica contra los actos discriminatorios. Nada de eso habilita a afirmar que cada argentino es racista o xenófobo por el solo hecho de haber nacido en el país.

La ofensiva digital funciona precisamente porque mezcla verdades parciales con falsedades comprobables. Parte de un hecho condenable, lo recorta de su contexto, incorpora una imagen manipulada o una teoría arbitral y finalmente lo utiliza para sentenciar a una nación completa. La crítica legítima al racismo queda así reemplazada por una campaña de estigmatización contra Argentina, su Selección y su principal figura deportiva.

No hace falta imaginar una sala de operaciones secreta para advertir el fenómeno. La repetición coordinada por los incentivos de las plataformas, la rivalidad entre fanáticos y la búsqueda de millones de interacciones puede producir una campaña aun sin un mando central.