2025-12-18

INVESTIGACIÓN

Por qué está bien que los pumas se coman los pingüinos en la Patagonia

Las imágenes que pueden herir a muchas personas, fueron destacadas positivamente por científicos de Santa Cruz.

Las imágenes pueden resultar impactantes: pumas cazando pingüinos de Magallanes en plena costa patagónica. Sin embargo, lo que a primera vista parece una escena alarmante es, para los científicos, una señal alentadora del buen estado de un ecosistema que comienza a recomponerse.

 

En el Parque Nacional Monte León, en la costa atlántica de Santa Cruz, se registró por primera vez un cambio significativo en el comportamiento alimenticio de los pumas, que comenzaron a cazar pingüinos de manera sistemática. Se trata de un fenómeno inédito en la región y de una prueba concreta del éxito de la restauración ambiental.

 

El comportamiento fue documentado en un estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society, que analizó cómo la creación del parque y el fin de la persecución humana permitieron la recuperación simultánea de grandes carnívoros y aves marinas. Ese proceso dio lugar a una nueva relación depredador-presa, impensada décadas atrás.

 

“Más que una nueva estrategia de los pumas, estamos viendo una interacción inesperada”, explicó Emiliano Donadio, director científico de Rewilding Argentina y coautor del trabajo. Durante años, la caza de pumas y zorros dejó las costas patagónicas sin grandes depredadores, lo que permitió que los pingüinos —históricamente concentrados en islas— colonizaran el continente. Con el regreso de los pumas, estos felinos encontraron una nueva y abundante fuente de alimento.

 

Monte León, creado en 2004 a partir de la donación de antiguas estancias, alberga actualmente unas 40.000 parejas reproductoras de pingüinos de Magallanes. Entre 2019 y 2023, investigadores colocaron collares GPS a 14 pumas y utilizaron cámaras trampa, confirmando que los felinos ajustaron sus movimientos y concentran su actividad cerca de la colonia durante la temporada reproductiva.

“El cambio en la dieta modificó el comportamiento de los pumas”, señaló Donadio. Los ejemplares que incorporaron pingüinos a su alimentación interactúan más entre sí, tienen territorios más pequeños y recorren menores distancias. La densidad registrada —más de 13 pumas cada 100 km²— es una de las más altas documentadas en Sudamérica.

 

Lejos de poner en riesgo a los pingüinos, los censos muestran que su población se mantiene estable e incluso en leve crecimiento. Para los especialistas, el caso demuestra que cuando la naturaleza se recupera, también lo hacen las interacciones ecológicas perdidas, incluso aquellas que pueden resultar sorprendentes o difíciles de aceptar a simple vista.

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