2026-01-14

EL SNACK PATAGÓNICO QUE CONQUISTA AL MUNDO

Tres primos, una idea y 15 años de perseverancia: cómo Fruch transformó la manzana del Alto Valle en un negocio global

Gastón Arcucci, Manuel Pucheta y Nicolás Olleac son los protagonistas detrás de los chips de manzana que están conquistando góndolas nacionales e internacionales. Una historia de familia, trabajo, persistencia y el valor de apostar por la identidad rionegrina.

En el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, la manzana es más que una fruta; es el pulso de una región. Sin embargo, para tres primos—Gastón Arcucci, Manuel Pucheta y Nicolás Olleac— la manzana se convirtió en la protagonista de sus proyectos laborales. Durante 15 años permaneció en proyectos, bocetos y conversaciones con su entorno, a la vez que se iba consolidando mientras trabajaban en la industria vitivinícola. Hoy, esa idea tiene nombre propio: Fruch, una empresa que logró transformar la materia prima estandarte de la Patagonia en un snack saludable, crocante y con proyección mundial. Hoy, estas rodajas de manzana, sin conservantes y aptas para las condiciones alimentarias más variadas, conservan la frescura de la fruta y despabilan paladares aquí y allá, gracias a la tenacidad de tres jóvenes aventureros que apostaron a su sueño, a su lugar y a asumir los múltiples desafíos de emprender.

El secreto de lo "crunchy"

En un mercado saturado de productos ultraprocesados, Fruch surge con un notable diferencial: es fruta real. Con variedades de roja y verde y una línea innovadora corte americano sin azúcar agregada, el valor agregado radica en un proceso de horneado que les llevó años perfeccionar. Fue cuando la primera rodaja hizo crunch que decidieron lanzarse con todo. Cargaron un bin con toda la experiencia acumulada tras 15 años de destacado desempeño en bodegas locales, se apartaron de la confortabilidad de un trabajo estable, escribieron un prolijo y detallado plan de trabajo y comenzaron a rodar.

Los objetivos de producción, las proyecciones de rentabilidad, los cuadros financieros completaban utópicas planillas de Excel cuando los desafíos comenzaron a agolparse. Las tareas se multiplicaban, pero nunca de paralizaron. El registro de marca, el diseño del equipamiento técnico, la puesta a punto de las máquinas, el diagrama de las cajas, la selección correcta de materiales de packaging para la conservación del producto, las gestiones con distribuidores, la insistencia en cadenas de comercios claves, los trámites de exportación, los cálculos financieros, la selección de personal y cada una de las tareas diarias los tienen a ellos al mando, con el mismo meticuloso y valiente carácter de asumir cada responsabilidad con el que seleccionan cada chip destinado a deleitar paladares aquí y en cualquier lugar del mundo.

"No necesitamos hablar de saludable, la gente lo asocia directamente a la fruta", explican los creadores de este delicioso y nutritivo círculo 100% patagónico. El producto, que se conserva en especiales y coloridos paquetes de 45 grs de fruta, cumple con todos los estándares de calidad. A modo de paradoja, los jóvenes emprendedores dicen que tienen como ventaja que no hay otro producto igual con el que competir. Y la desventaja es que no hay un producto igual con el que compararse, por lo que se amontonan las anécdotas de las estrategias que llevaron adelante, en forma planificada o no, para lograr que la gente pruebe el producto.

Aunque ya llegaron a cadenas de hipermercados, a estaciones de servicios y hasta a líneas aéreas, el impacto más fuerte se vive en las ferias, donde el cara a cara con la gente revela la magia del producto. Adultos aliviados porque sus hijos eligen un snack sano sobre la base de fruta, y consumidores que, al probarlo, se emocionan hasta las lágrimas porque el sabor les evoca recuerdos de la infancia. Y es en ese espacio donde cargan energías y la fortaleza para seguir adelante.

Estuvimos cerca de cuatro años convencidos de que no se lograba el producto sin azúcar, a pesar de la insistencia del público que quería consumirlo, pero no podía por cuestiones de salud. Más de 100 intentos de prueba y error. Y no salía. En una de esas, cambiando parámetros, cambiando cortes, cambiando cosas, sacamos un producto que hoy no para de crecer y es la puerta a muchos nuevos canales de comercialización”, narra Gastón para ejemplificar la perseverancia que los caracteriza. 

Fruch es uno de los tantos proyectos fuera de serie que logran trascender luego de una larga historia de esfuerzos donde a veces los fracasos le quitan impulso al coraje y al optimismo pero al final, siempre hay recompensa.

El salto emprendedor: de la idea a la escala industrial

La estabilidad suele ser el ancla que detiene a muchos soñadores. Gastón recuerda su paso como gerente de operaciones en una bodega, donde tenía una posición consolidada, pero su mente seguía fija en esa rodaja de manzana deshidratada. "Me fui en enero de 2020, tres meses antes de la pandemia. Fue una catástrofe, pero me tenía que ir", confiesa.

El primer gran salto fue asumir el riesgo propio del emprendedor, con algo más de esperanzas que de cálculos financieros. Recuerdan que hace 7 años empezaron en un pequeño lugar de Cipolletti, con toda la energía de quien se lanza a cumplir su sueño. Comenzaron a validar el producto de forma casi artesanal, hipotecando incluso un lote para comprar el primer horno, el que fueron ajustando hasta conseguir las especificaciones técnicas que necesitaban. Paralelamente, gestionaron un crédito del CFI que tardó un año y medio en concretarse mientras los vaivenes de la economía argentina pateaban el tablero de su ordenada planificación. Esa ayuda financiera les permitió pasar de los ensayos en Cipolletti a la planta de vanguardia que hoy operan en el parque industrial de Fernández Oro. "El crédito activa la economía; a los diez minutos de recibirlo ya lo volcamos en la economía regional", destaca uno de los socios.

En la fábrica reina el aroma a la fruta fresca. Un consolidado equipo de 18 operarios desarrolla manualmente su tarea con delicadeza y especial esmero. Se respira un clima de esfuerzo y trabajo en equipo, en el cobijo de un proyecto familiar que se hizo realidad. La pulcritud de la fábrica y la consistencia de estudiados procesos se entrecruzan con la responsabilidad de generar empleo y de sumar a la cadena de valor regional. “Cuando puedo detenerme un poco, pienso que arrancamos de cero y hoy tenemos un equipo de trabajo muy bueno que puede ver a diario también nuestro esfuerzo. Y siento una gran satisfacción”, afirma Gastón.

Los relatos acerca de los primeros intentos de comercializar el producto permiten comprender la fortaleza con la que enfrentan cada nuevo reto. “La primera reunión con un distribuidor de Cipolletti fue un desastre. Hablaba de márgenes y de un montón de cosas que desconocíamos. Salimos de ahí con la claridad de saber qué debíamos aprender para avanzar”, relatan.

Ese inolvidable inicio a "golpazos" ha dado paso a una ambiciosa fase industrial. Con la incorporación de moderna tecnología y una nueva envasadora de alta velocidad, la empresa está preparada para triplicar o cuadriplicar su volumen de producción este año, pasando de una escala emprendedora a una masiva sin perder el know-how que desarrollaron durante años de pruebas y errores. “Soñamos y trabajamos mucho para estar en grandes cadenas, pero aún me impacta cuando entro a una verdulería de barrio y estamos ahí”, remata Gastón.

Transformar la economía regional en un snack de exportación

Fruch es el eslabón final de una poderosa cadena de valor regional. El negocio impacta directamente en la economía local: desde la materia prima orgánica de productores del Valle, hasta la logística de empaque, fletes, insumos, envases, diseñadores y un sinfín de proveedores locales que suman a su agenda los requerimientos laborales de una pyme.

Esa expansión generó un fenómeno particular: los fundadores han perdido el rastro de hasta dónde llega su creación. Gastón relata con asombro cómo, al viajar por la cordillera o parar en una estación de servicio en Piedra del Águila, se encuentra sorpresivamente con sus paquetes en la góndola. "A veces te sorprendés con tu producto ahí y no tenés ni idea de quién se lo vendió”.

El producto ya traspasa las fronteras y los desafíos de exportar traen nuevas expectativas. En el galpón se acomodan cajas con destino a Brasil y Paraguay, mercados gigantes que se sintieron encantados con el producto. Eso explica que los envases, en los que se describen las características del producto, estén impresos en distintos idiomas. Un indicador más de esta pequeña Pyme patagónica que navega ya en mercados internacionales. “Tenemos el FDA aprobado para Estados Unidos, pero ahora estamos enfocados en estos mercados”, explican.

Hablar de producto patagónico no es algo menor en su carta de presentación. La denominación de origen ocupa un lugar central en los paquetes, reflejo del potencial que tiene la manzana de la Patagonia como diferencial en el mercado alimenticio.

Emprender en Argentina: la insistencia como bandera

Para Fruch, entrar a las grandes cadenas como Farmacity o Jumbo no fue cuestión de suerte, sino de una tenacidad inquebrantable. "Cuando nos propusimos entrar a la cadena de farmacias, no podíamos dar con ningún contacto corporativo. No había un mail, no había nada. Encontramos un domicilio postal y le hicimos llegar una caja, pero nos decían que no podíamos dejarla”, relatan.

Ese mismo espíritu persistente los llevó a negociar con gigantes como una conocida cadena de comidas rápidas y con YPF para ocupar un lugar en sus tiendas Full. Cuando repasan sus experiencias con clientes, los recuerdos traen a borbotones los hitos que marcan su carrera comercial: aerolíneas que venden el producto en vuelos, distribuidores que silenciosamente hacen que el producto llegue tanto a las dietéticas de barrio como a las grandes cadenas de hipermercados, la promoción casi a voluntad en la tradicional mesa de Mirtha Legrand y Juana Viale, el intenso trabajo en las más variadas ferias gastronómicas del país y del mundo. “Tenemos eso del emprendedor que tira tiros para todos lados, que no se cansa y que es positivo. No sé si es bueno o malo, pero donde sale una oportunidad, allá vamos”.

Explican que en la actualidad apuestan al volumen. “Si bien aún no llegamos a los márgenes esperados, nosotros apostamos a producir, a crecer y hoy a exportar”. No se les escapa del relato las dificultades que debe atravesar el emprendedor argentino, en un contexto de volatilidad y riesgo permanente y con fenómenos inflacionarios sostenidos donde los costos de producción aprietan cada vez más los márgenes de ganancia. “Nos pasó de pasar un precio a un cliente del exterior y a los tres meses explicarle que no le podíamos vender porque nos consumió la inflación interna”, explican.

En la sala donde el equipo de trabajo se encuentra, intercambia ideas y comparte un refrigerio tres prototipos de autos de rally encuentran su paso entre un puñado de paquetes de Fruch. “Esta es una historia increíble”, explica Gastón mientras cuenta que, a través de un amigo, el piloto de rally Carlos “Yiyo” Bello ploteó sus autos de carrera con la gráfica de Fruch para contribuir a la visibilidad de la marca. “Cuando le consultamos cómo podíamos pagarle, nos pidió cajas de los snacks para donar a comedores. Eso también en Fruch, eso también es Argentina”, remata Gastón con emoción.

"Diez manzanas más": el esfuerzo de concretar un sueño

Detrás de la tecnología y los balances, hay una familia que apoya a ciegas y un tridente consolidado que sabe cual es el rol de cada uno en la permanente toma de decisiones. “Si cada uno de nosotros lo hubiera hecho solo, hubiéramos fallado”, aseguran a la par que afirman que tomaron decisiones equivocadas, con la convicción de saber que siempre contaban con una mano para levantarse y seguir adelante.

Para ellos, el legado más importante para las nuevas generaciones no es el éxito económico, sino la resiliencia que desarrollaron ante la frustración. Gastón recuerda los domingos en los que sus hijos lo acompañaban a cortar manzanas durante horas cuando aún no lograban encontrarle el punto justo a la máquina. Su frase de cabecera es “diez manzanas más” que, casi como un mantra, incentiva al esfuerzo, a la valentía y a animarse aún cuando haya cientos de obstáculos que sortear. "Es ese mensaje de que, cuando ya no das más, hay que dar un poquito más", dice con la vista puesta en el futuro y con la emoción a flor de piel. Y esas diez manzanas, al otro día se convierten –y no mágicamente- en un producto delicioso.

Con una nueva línea de producción en marcha, Fruch no solo está vendiendo snacks; está demostrando que, en la Patagonia, el esfuerzo tiene un sabor dulce y, sobre todo, muy crocante.

Para conocer más, podes visitar https://www.fruchpatagonia.com.ar/

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