2026-04-15

AMBIENTE

Recolectaron más de dos toneladas y media de pilas en Neuquén

Fue en el marco de la campaña provincial que organizó la secretaría de Ambiente y Recursos Naturales.

En cada pila agotada, en cada batería olvidada en un cajón, habita una pequeña amenaza silenciosa. Pero también, en cada gesto de quienes deciden separarlas y entregarlas, late una oportunidad: la de cuidar la tierra que sostiene la vida.

En una nueva edición del Programa Provincial “Campaña de recolección de pilas y baterías usadas”, esa oportunidad tomó forma concreta: 2533 kilogramos de residuos especiales fueron recuperados a lo largo de 39 municipios y comisiones de fomento. Detrás de ese número hay una red de voluntades que eligió transformar un problema en acción, bajo la coordinación de la secretaría de Ambiente y Recursos Naturales.

La iniciativa, nacida con el propósito de fomentar la separación en origen y garantizar un destino seguro para estos desechos, se consolida como una práctica que trasciende lo técnico. Es, en esencia, una construcción colectiva: un compromiso que se expande desde cada hogar hasta cada rincón del territorio, buscando reducir el impacto que estas sustancias pueden tener sobre el ambiente y la salud.

Durante esta edición, 34 localidades llevaron adelante la campaña de manera activa, dejando en evidencia que el cuidado ambiental no es una consigna abstracta, sino una decisión cotidiana que se multiplica cuando encuentra acompañamiento y sentido. A ese entramado se sumaron organismos provinciales que, con presencia territorial y acciones de concientización, fortalecieron el alcance de la iniciativa.

Cada bidón entregado, cada etiqueta colocada, cada folleto distribuido fue mucho más que un recurso logístico: fue una invitación a mirar de otra manera nuestros residuos, a entender que incluso lo más pequeño —como una pila— puede tener un impacto profundo si no se gestiona adecuadamente.

El circuito se completa con el traslado y tratamiento final en un relleno de seguridad, donde estos materiales dejan de ser una amenaza para convertirse en un residuo controlado. Allí, el trabajo articulado entre el sector público y privado asegura que el cuidado del ambiente no sea una intención, sino un proceso concreto y responsable.

Así, lo que podría haber terminado contaminando suelos y aguas encuentra otro destino. Y en ese recorrido, la campaña deja algo más que cifras: deja una huella positiva, una señal de que cuando la comunidad se organiza, incluso los residuos más peligrosos pueden ser transformados en una oportunidad para proteger la vida.

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