HISTORIAS DE VIDA: DIEGO MANFIO
Neuquén apuesta al futuro: la visión de Diego Manfio y el Polo Tecnológico
Diego transita los flamantes pasillos del Polo Tecnológico de Neuquén al encuentro de cada emprendedor que interrumpe su paso. Cada cual lleva su relato. Él escucha con todos sus sentidos y responde con mensajes de aliento. Es un líder nato, de palabra y actitud. Se mueve con la agilidad de un malabarista del tiempo, entre la intimidad familiar y la urgencia empresaria de la provincia. Audaz, notablemente sociable y con una agilidad intacta para generar vínculos, supo ver como nadie la necesidad de sentar las bases físicas para que el talento neuquino tuviera donde proyectar el futuro.
De mirada transparente y trato descontracturado, Diego deja entrever ese corazón sensible que trabaja permanentemente en su propia evolución. Por un lapso, detiene los relojes para narrar una historia que comenzó hace poco más de medio siglo en la capital neuquina: un viaje de formación, estudio y amores profundos que transformaron, para siempre, su perspectiva de la vida.
El desafío de la segunda generación
Hijo de un inmigrante italiano que fundó Ingeniería SIMA en 1979, Diego creció en el seno de una familia signada por el esfuerzo y el sacrificio. “Mi padre vino de Italia con una mano atrás y una adelante”, explica para darle magnitud a los años de trabajo detrás de la compañía que hoy lo tiene como Vicepresidente Ejecutivo. Tras sus años de educación formal en el Colegio Don Bosco, y siguiendo un camino que parecía trazado, se trasladó a Córdoba para formarse como ingeniero industrial. Como respuesta a un mandato casi tácito, supo desde joven que sería el responsable de dar continuidad al brío paternal y complementó su formación con un Máster en Finanzas en el Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina (CEMA) para que los asuntos administrativos de la empresa no lo sorprendieran sin herramientas de gestión. Antes de tomar las riendas de la empresa, hizo un paso formativo para recoger experiencia en compañías globales como General Electric. Sin embargo, la herencia no fue solo un cargo jerárquico, sino una forma de mirar el sacrificio.
Para Diego, el desafío de liderar Ingeniería SIMA no fue simplemente heredar un balance, sino gestionar un legado de audacia de quien se aventuró a levantar las bases de una empresa que hoy es pilar en la región. Asumió la responsabilidad de transformar ese esfuerzo fundacional en una estructura de vanguardia. Y así asumió el reto de transitar el paso de un mando tradicional hacia un modelo de empresa de servicios de ingeniería ajustada a estos tiempos, que da lugar al liderazgo emocional. “Ahora damos lugar a las emociones, trabajamos la motivación, el trabajo en equipo y hacemos consciente que la tarea de cada persona tiene impacto”. Bajo su ala, la compañía dejó de ser solo una compañía de servicios de infraestructura civil y mantenimiento de plantas y yacimientos, para convertirse en una plataforma de innovación, demostrando que el verdadero éxito de una segunda generación radica en honrar el pasado mientras se tiene la valentía de rediseñar el futuro. Sus palabras de cargan de metáforas que asume que les echa una mano en lo cotidiano para motivar a sus equipos.
“Hay una historia muy linda que me gusta usar a menudo” revela, y relata a modo de parábola, una escena de tres albañiles pegando ladrillos. Lo describe con una claridad impactante, manejando los silencios y los tiempos de reflexión. “Ante la pregunta de qué están haciendo, el primero responde que está pegando un ladrillo. El segundo albañil no muestra cambios. Pero el último responde: 'Estoy haciendo la catedral más grande del mundo'”. Diego remata la idea para graficar su mirada sobre el rol del líder: “Los tres hacían lo mismo, pero uno sabía que estaba haciendo algo enorme y estaba motivado. Hacer saber que cada uno cumple un rol hacia un objetivo final es el motor con el que trabajamos”.
Más allá de los liderazgos y del mundo empresarial, a Diego lo desvela una pregunta que trasciende las fronteras locales: ¿cómo hacer que la Argentina finalmente funcione? Para él, la respuesta está en un cambio de mentalidad colectiva. “Si los argentinos aprendemos a trabajar en equipo, cambia Argentina”, repite como un mantra. Observa al país con la precisión de un ingeniero que detecta una pieza fuera de lugar y siente que sobra talento individual, pero necesita sincronía.
Su apuesta por el Polo Tecnológico es una especie de un experimento social a escala. Está convencido de que cuando el sector público y el privado se sientan a la misma mesa, cuando la competencia se transforma en admiración y el éxito del vecino se ve como un impulso propio, el progreso es inevitable. “Me encantaría vivir una Argentina más honesta, más íntegra, en la que esté bien que te vaya bien” afirma, y en juego de palabras refuerza esa idea: “un país donde no esté mal que te vaya bien, ni bien que te vaya mal”. Diego sueña con una Argentina que deje de girar en círculos por remar con un solo brazo y empiece a avanzar usando la formación y la información en equilibrio. No busca una utopía, sino una "catedral" construida por argentinos que, aunque hoy estén pegando ladrillos, sepan que están levantando el futuro de una nación.
Un faro para emprendedores en la meseta neuquina
Por los ventanales del nuevo Polo Tecnológico de Neuquén, el sol ilumina con una intensidad incomparable. En ese edificio que emerge como un faro de la economía del conocimiento donde antes solo había tierra y olvido, Diego Manfio se desplaza como quien pensó la utilidad de cada rincón. Emplazado en el corazón de la meseta, el complejo representa un contraste que define la misión actual del empresario: que Neuquén pase de ser una tierra de extracción a ser una tierra de creación.
Como referente del sector privado en este proyecto, él no ve simplemente cemento y vidrio, sino un refugio para cobijar emprendedores. “El intendente y el gobernador me invitaron a sumar mi granito de arena y hoy este lugar es un ícono de la dignidad y la meritocracia”, explica. Bajo su liderazgo, el Polo se ha convertido en el centro de gravedad donde las empresas convergen para reconvertir la matriz productiva de la región. En una de las imponentes paredes del ingreso versa una máxima que Diego defiende con acciones: “Entender Neuquén es emprender”.
Relata que a cada paso se encuentra con una historia diferente, un sueño de negocio que busca suelo firme. “Este es un lugar para competir, pero sobre todo para compartir; donde la competencia cede lugar a la colaboración”. Diego enarbola con convicción la ética de triple impacto en la que el ecosistema emprendedor sostenga los principios de sostenibilidad, innovación y desarrollo. "Hicimos este Polo para traer las cosas del mundo acá y que estén al alcance de todos", afirma con el convencimiento de quien sabe que el conocimiento es el único recurso inagotable y el Polo el escenario ideal para la integración de distintas áreas de la industria. Es allí donde las operadoras de petróleo más conservadoras se sientan a la mesa con jóvenes emprendedores que hablan el lenguaje de los algoritmos.
Eventos como la IA Week son el pulso de esta visión: transformar una industria que solía ser ortodoxa a través de la Inteligencia Artificial, permitiendo que cada empresa, sin importar su tamaño, incorpore tecnología para ganar eficiencia y seguridad. Es el "puente" que Diego cruza a diario, convencido de que el futuro de la provincia no depende solo de lo que hay bajo el suelo, sino de lo que se genera en las mentes que hoy transitan estos pasillos. “Esta zona hoy tiene algo muy potente como Vaca Muerta, pero tenemos que trabajar en todas las industrias para que, cuando se acabe, los neuquinos sepamos qué hacer”, dice mientras insiste en que el factor humano sigue siendo la pieza clave de este edificio donde la humildad y el trato cercano sientan las bases de grandes negocios.
El fracking del alma y la valentía de ser feliz
Hay sismos que no registra ningún monitor geológico, pero que son capaces de demoler cualquier estructura. Para Diego, ese quiebre llegó con la enfermedad y pronta partida de su esposa, Jime. Fue el momento en que la vida decidió hacerle su propio fracking: una perforación profunda en la roca de sus certezas. “La vida me detuvo para enseñarme lo que realmente importa”, reflexiona con una serenidad que solo se alcanza tras haber atravesado el desierto de la pérdida. Desde entonces, Jime dejó de ser una ausencia para convertirse en su guía espiritual, una presencia que ilumina sus decisiones y recalibra su brújula. En ese proceso de reconstrucción, comprendió que la finitud no es un límite, sino el impulso más vital de todos; una herramienta que le permite elevarse en los laberintos y mirar los problemas desde otra perspectiva, con la convicción de que la salida siempre está adelante. “Nos dieron este regalo que es el milagro de vivir y nuestro mayor propósito es ser felices”, dice el hombre que es, sobre todas las cosas, el papá de Fiore y Juli, que están en los umbrales de la juventud. “Mi prioridad son ellas y mi energía está puesta ahí”, dice con firmeza.
Mientras el grabador registra cada una de sus palabras, Diego parece estar escribiendo, con su mirada brillante y con la franqueza de su voz, una concatenación de conceptos que le permitieron reconstruirse. Una especie de reingeniería humana que define como revolución de prioridades. El hombre que está en la vanguardia de la industria, encuentra su mayor indicador de éxito en la calidad de sus afectos. “¿Sabés que es el éxito? Que tus hijos te quieran, que tus amigos te valoren, que te reconozcan por ser buena persona”, dice convencido que ese es el camino que conduce a la felicidad. El hombre de mediana edad que ilumina a otros con su propia historia en formato de Charla Ted, insiste en la idea de ser consistente en que lo importante, sea realmente lo más importante. “Las urgencias no necesariamente lo son”, afirma quien trabaja a conciencia para definir sus prioridades.
Diego es un hombre de fé. No se define como creyente, sino como "conociente" de Dios. Con ese participio activo, manifiesta que “uno cree en lo que no conoce, y yo tengo una fe muy internalizada para una vida con propósito”, expresa con entusiasmo. El hombre que incorporó tempranamente los principios salesianos en su formación escolar, no busca a Dios en las alturas, sino en la transparencia de los actos cotidianos y, sobre todo, en los ojos de sus hijas. “Ahí lo encuentro a Dios, en el corazón bueno de mi hija cuando es buena con sus amigas, en mi corazón cuando actúa haciendo algo bueno. Hay que buscarlo a Dios donde lo podemos encontrar.”
El relato se encamina a la vida de santos que dejaron huella y cita a Don Bosco “Uno vive una vida de abundancia si mira lo que tiene y no lo que le falta, esa es la verdadera riqueza”. Una enumeración rápida por figuras históricas de la iglesia toma protagonismo hasta que se detiene en una historia especial. “¿Sabés que Enrique Shaw es el primer empresario camino a ser beatificado” ?, consulta con orgullo. “Es muy lindo que se valorice al empresario como motor social, que damos trabajo, que pagamos impuestos, que hacemos el bien de muchas maneras y, sobre todo, que somos honestos”. Esa misma determinación es la que lo motivó para dar pasos contundentes que permitieron hacer realidad el Polo Tecnológico.
Diego practica running por las bardas neuquinas, a veces solo, a veces en grupo. “Es mi patio y mi momento de conexión con la naturaleza. Explica que en cada salida reafirma la belleza de la ciudad en la que eligió vivir y sembrar para el futuro, con la esperanza de recoger los mejores frutos. Al final del día, su mejor obra no se resume en el petróleo o en los edificios mdoernos, sino el legado de haber hecho bien las cosas.
Mejores hijas para este mundo
La entrevista llega a su fin porque debe volver a su rol más sagrado: buscar a su hija en la escuela. Antes de partir, Diego reflexiona sobre los valores que intenta heredarles. No les habla de balances ni de poder, sino de autoestima y humildad. “No por tener algo, sos algo; tu valor está en quién sos”, les repite como quien siembra en suelo fértil. En su filosofía, el amor a uno mismo es una fortaleza para afrontar los sismos de la vida. “Amar es querer el bien, y si querés el bien para vos, lo vas a querer para tu círculo”, concluye.
Mientras se aleja por los pasillos del Polo, queda flotando una idea que resume su paso por esta tierra. Diego no se desvela por dejarles una fortuna, sino por cumplir una misión inversa a la que solemos escuchar: “Muchos dicen que quieren dejar un mundo mejor para sus hijos; yo trabajo para dejar mejores hijos para este mundo”. Con esa convicción, el hombre que aprendió a ver lo invisible, se pierde en la luz de la meseta, sabiendo que la verdadera catedral no es solo el edificio que deja atrás, sino la calidad de las personas que hoy caminan de su mano hacia el futuro.