DESAFÍOS EN REDES
Fuerte advertencia de un investigador del Conicet sobre retos virales en adolescentes
Un estudio reveló que uno de cada cuatro adolescentes participó de desafíos virales durante el último año. El especialista del Conicet, Santiago Resett, advirtió en una entrevista por AM Cumbre 1400, que estas prácticas pueden derivar en casos de grooming, ciberbullying, apuestas online y otras problemáticas vinculadas con el uso de las redes sociales.
Los desafíos virales que circulan diariamente en TikTok, Instagram y otras plataformas dejaron de ser una simple moda entre adolescentes para transformarse en un fenómeno que preocupa cada vez más a especialistas en salud mental, educación y crianza. Detrás de muchos de esos videos que se vuelven tendencia pueden esconderse riesgos que van desde la sobreexposición de datos personales hasta situaciones extremas que ponen en peligro la vida.
Esa fue la principal advertencia del investigador, quien presentó los resultados de un estudio que revela un dato inquietante: uno de cada cuatro adolescentes realizó al menos un reto viral durante el último año.
Durante una entrevista en el programa Nada sucede dos veces, el especialista explicó que el verdadero problema no siempre está en el desafío en sí, sino en todo lo que puede desencadenar.
"Los retos virales son muchas veces la puerta de entrada a otras problemáticas digitales, como el grooming, el ciberbullying, la adicción a las redes sociales, las apuestas online o el consumo problemático de pornografía", afirmó.
Uno de cada cuatro adolescentes ya participó de un reto viral
La investigación permitió conocer con mayor precisión cómo impactan estos contenidos entre los jóvenes.
Según explicó Resett, el 25% de los adolescentes realizó algún desafío viral durante el último año. Sin embargo, el dato adquiere otra dimensión cuando se observa la frecuencia con la que muchos participan.
Mientras un 15% realizó uno o dos retos, otro 10% aseguró haber participado en tres, cuatro o incluso más de cinco desafíos virales.
"Ahí ya estamos hablando de porcentajes mucho más preocupantes", señaló.
El investigador recordó que algunos desafíos difundidos en redes sociales ya provocaron consecuencias dramáticas en Argentina.
Entre ellos mencionó el llamado Blackout Challenge, un reto que consiste en provocarse la autoasfixia para luego compartir la experiencia en redes sociales y que, en 2023, provocó la muerte de un adolescente en Río Negro.
También recordó otros episodios de violencia y humillación entre estudiantes que fueron grabados y difundidos en internet para obtener repercusión.
No todos los desafíos son peligrosos, pero todos pueden exponer
Resett aclaró que no todos los retos virales implican necesariamente una conducta de riesgo.
"Copiar un baile o una coreografía no tiene nada de malo. El problema aparece cuando los adolescentes se exponen sin medir las consecuencias", explicó.
El especialista sostuvo que muchos menores publican fotos y videos mostrando información personal sin advertirlo.
"Si un adolescente aparece con el uniforme escolar, ya está diciendo dónde estudia, que es menor de edad y cuáles son sus rutinas. Muchas veces esas publicaciones quedan abiertas para cualquier persona."
Esa exposición, advirtió, puede facilitar situaciones de grooming, estafas, ciberacoso o distintos tipos de violencia digital.
La necesidad de pertenecer, uno de los principales motivos
El estudio también buscó conocer por qué tantos adolescentes aceptan participar de estos desafíos. La respuesta más repetida fue la necesidad de sentirse parte del grupo.
"En la adolescencia existe una enorme preocupación por ser aceptado. Muchos sienten que, si no participan de lo que hacen sus amigos, van a quedar excluidos", explicó Resett.
A ese contexto se suma el funcionamiento propio de las redes sociales, donde la cantidad de "me gusta", comentarios y reproducciones muchas veces termina funcionando como una forma de validación.
El investigador recordó además que durante esta etapa del desarrollo el cerebro todavía no terminó de madurar.
"El lóbulo prefrontal, que permite evaluar riesgos y consecuencias, aún no está completamente desarrollado. Por eso muchas decisiones se toman de manera impulsiva y emocional."
El rol de los adultos: acompañar en lugar de desaparecer
Para Resett, una de las mayores dificultades es que muchos padres sienten que perdieron el control frente a las nuevas tecnologías.
Sin embargo, aseguró que la respuesta no pasa únicamente por prohibir. "No alcanza con decir que no. Hay que poner límites, pero también acompañar."
El investigador comparó la situación con permitir que un adolescente conduzca una moto.
"Jamás le daríamos una moto a un chico de 13 años sin enseñarle a manejar. Con un celular conectado a internet debería ocurrir exactamente lo mismo."
En ese sentido, recomendó que las familias conozcan las plataformas que utilizan sus hijos, conversen sobre los contenidos que consumen y compartan espacios de navegación.
"Si un padre no entiende cómo funciona una aplicación, puede pedirle a su hijo que se la explique. Esa conversación sirve para hablar sobre privacidad, amistades digitales y riesgos en internet."
Educar antes que reaccionar
El especialista insistió en que la prevención comienza mucho antes de que aparezca un problema.
Por eso recomendó supervisar el uso de redes sociales desde edades tempranas, enseñar a pensar antes de publicar cualquier contenido y desarrollar una mirada crítica sobre todo aquello que circula en internet.
También pidió que las escuelas incorporen con mayor fuerza la educación digital y que las familias den el ejemplo con un uso responsable de la tecnología.
"Los adolescentes aprenden mucho más de lo que ven que de lo que les decimos. Si los adultos hacemos un uso excesivo del celular o vivimos pendientes de las redes sociales, ese también es un mensaje."
Un desafío que involucra a toda la sociedad
Para Resett, el crecimiento de los retos virales refleja un fenómeno mucho más amplio que atraviesa a las familias, las escuelas y la sociedad en general.
Las plataformas digitales forman parte de la vida cotidiana de millones de adolescentes y seguirán ocupando un lugar central. El desafío, sostuvo, no es alejarlos de la tecnología, sino enseñarles a utilizarla de manera segura y responsable.
"La tecnología no es el enemigo. El problema aparece cuando los chicos navegan solos, sin acompañamiento ni orientación. Ahí es donde empiezan los verdaderos riesgos", concluyó el investigador del Conicet.