sábado 5 de septiembre de 2026

HISTORIA REGIONAL

Cuando a la Patagonia la gobernó una mujer: la historia de María la Grande

Cacica general de los tehuelches, durante años tuvo el mando desde el río Negro hasta el estrecho de Magallanes. Además, estuvo en nuestras Islas Malvinas.
06/03/2026
La entrevista con el escritor y periodista Mario Novack, desde Río Gallegos, sobre la cacica aonikenk o tehuelche. Fotos: archivo
La entrevista con el escritor y periodista Mario Novack, desde Río Gallegos, sobre la cacica aonikenk o tehuelche. Fotos: archivo

Una mujer gobernó la Patagonia, desde el río Negro hasta el estrecho de Magallanes, antes que existieran las provincias del sur argentino. A esa cacica de los aonikenk o tehuelches se la llamó María la Grande. Durante décadas su historia permaneció apenas insinuada en viejos relatos de expedicionarios, hasta que el periodista y escritor Mario Novack decidió seguir esas huellas para rescatarla del olvido.

“María la Grande murió hacia la década de 1840, cuando tenía poco más de cincuenta años”, cuenta Novack desde Río Gallegos. Su despedida fue tan imponente como su liderazgo. Durante tres días ardieron las piras funerarias que su pueblo encendió en distintos puntos de la Patagonia.

En la principal estaba su cuerpo, junto a su caballo, su quillango y una estola de piel de zorrino. Era la manera en que el pueblo aonikenk despedía a quien había sido su máxima autoridad.

La historia de María sorprende por varias razones. En una época en que la mayoría de los relatos hablan de jefes guerreros varones, ella fue la líder indiscutida de su pueblo. Hija de Cogocha y de Vicente, dos referentes importantes de los tehuelches del sur, heredó un lugar de liderazgo que supo sostener con una fuerte autoridad y, sobre todo, con una notable capacidad para negociar.

Según reconstruye Novak, su influencia se extendía por un territorio enorme: desde el río Negro hasta el estrecho de Magallanes, en una Patagonia que estaba lejos de ser un desierto. Era una región habitada y recorrida por pueblos originarios que mantenían redes de intercambio con navegantes y comerciantes que comenzaban a aparecer en las costas.

Uno de los episodios que mejor retrata su carácter ocurrió en 1823, cuando el comerciante Luis Vernet arreaba ganado cimarrón en las ruinas del fuerte San José, en la actual provincia de Chubut. Su intención era llevar esas vacas a las Islas Malvinas, donde tenía una concesión para desarrollar una colonia ganadera.

Pero el territorio tenía dueños.

Un numeroso grupo de guerreros tehuelches rodeó a Vernet y a sus hombres. Se dice que podían ser cerca de mil. Todos esperaban la orden de su jefa.

La jefa era María.

Cuando llegó, decidió parlamentar. No hubo violencia. Simplemente le explicó a Vernet que aquel territorio pertenecía a su pueblo y que el ganado debía ser comprado si pretendía llevárselo.

El episodio terminó en un acuerdo. Hubo intercambio de bienes y, a partir de allí, nació una relación entre ambos líderes.

Viaje a nuestras Islas Malvinas

Años después, en 1829, Vernet fue designado comandante político y militar de las Islas Malvinas. Al viajar para asumir el cargo invitó a María a acompañarlo. Ella aceptó y partió con parte de su gente: un asistente, su hechicero y algunos guerreros.

La travesía fue difícil. La navegación no era algo habitual para los tehuelches. Sin embargo, aquel viaje quedó registrado en la historia: María se convirtió en la primera mujer originaria de la Patagonia en pisar suelo malvinense.

El nombre con el que hoy se la recuerda también encierra una incógnita. “María” probablemente fue un nombre impuesto por los europeos. No se conoce con certeza cómo se llamaba en lengua tehuelche. Algunos registros señalan que sus padres la llamaban Mariquita.

El apelativo “la Grande”, en cambio, apareció después. Algunos cronistas sugieren que se debía a su porte físico y a la autoridad que imponía, una figura que incluso fue comparada con Catalina la Grande, la poderosa emperatriz rusa del siglo XVIII.

Más allá de las comparaciones, María gobernó su territorio con una herramienta que pocos imaginan cuando se habla de la historia de la Patagonia: la negociación. Durante su cacicazgo no hubo enfrentamientos internos entre los tehuelches, y su liderazgo se sostuvo en acuerdos tanto dentro de su pueblo como con quienes llegaban desde el mar.

Tras su muerte, el liderazgo del pueblo aonikenk pasó al cacique Casimiro Biguá, en un contexto en el que la presencia de misioneros y el avance de los Estados nacionales comenzaban a transformar profundamente la vida de los pueblos originarios.

Pero la memoria de María la Grande siguió viva en los relatos del sur.

Un poema y un tema musical

La investigación de Mario Novack no solo permitió reconstruir su historia. También inspiró una obra artística. Después de terminar un artículo sobre la cacica tehuelche, el escritor sintió la necesidad de traducir esa historia en música.

Así nació la letra de “María la Grande”, una canción compuesta junto al músico Daniel Chupilca Ledezma. La obra está escrita en ritmo de caáni, un género patagónico difundido por el recordado cantor Hugo Giménez Agüero.

En seis estrofas, la canción resume la vida de aquella mujer que, mucho antes de que existieran las fronteras actuales, condujo a su pueblo en las vastas tierras del sur.

Una cacica que negoció con exploradores, dialogó con comerciantes y gobernó la Patagonia en tiempos en que esas tierras todavía eran territorio de los pueblos originarios.

Y cuyo nombre, gracias a la investigación y a la música, vuelve hoy a encenderse en la memoria como aquellas piras que ardieron durante tres días en su despedida.