domingo 13 de septiembre de 2026

ALERTA

Nomofobia en adolescentes: cuando el celular deja de ser una herramienta y se convierte en una muleta emocional

Entre los 12 y los 15 años, el cerebro atraviesa una de sus etapas de mayor plasticidad y vulnerabilidad. En ese mismo período, la dependencia al celular y la ansiedad social se retroalimentan en un ciclo que los especialistas identifican como nomofobia.
26/06/2026
Los expertos advierten que hay una ventana de tiempo clave para intervenir, y que el rol de los padres es decisivo, aunque no de la manera que muchos creen. Foto: ilustrativa.
Los expertos advierten que hay una ventana de tiempo clave para intervenir, y que el rol de los padres es decisivo, aunque no de la manera que muchos creen. Foto: ilustrativa.

El celular dejó de ser solo un objeto de comunicación para convertirse, en muchos adolescentes, en un refugio emocional difícil de soltar. La nomofobia —la dependencia patológica al dispositivo móvil— y la ansiedad social forman hoy una combinación que preocupa a psicólogos y especialistas en salud mental infanto-juvenil, especialmente durante la adolescencia temprana, entre los 12 y los 15 años.

Según el doctor Gabriel Genise, especialista en Terapia Conductual Contextual y director de la Carrera de Especialización en Psicoterapia Infantojuvenil de UFLO Universidad, esta etapa es crítica porque es cuando se consolidan los modelos de apego y la validación social. Un estilo de apego inseguro genera en los jóvenes un temor constante al rechazo, y el teléfono aparece como el mecanismo más accesible para evitar la incomodidad de las interacciones cara a cara.

El círculo que atrapa: pantalla, ansiedad y más pantalla

El problema no es solo conductual: tiene una base neurológica. La adolescencia temprana es una etapa de intensa "poda sináptica" y mielinización, dos procesos que determinan cómo quedará organizado el cerebro adulto. Cuando el celular se usa de manera compulsiva durante ese período, se debilita el córtex prefrontal, la zona encargada del control de impulsos y la planificación a futuro.

Estudios especializados señalan que el uso nocturno del móvil y la baja autoestima son dos de los principales predictores de nomofobia. El mecanismo detrás es el FOMO (Fear of Missing Out), el miedo a perderse algo importante, que lleva a los jóvenes a revisar redes y mensajes incluso de madrugada, con el consecuente deterioro del sueño y la atención escolar.

La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) es el abordaje que los especialistas recomiendan para intervenir en estos casos. Actúa en tres frentes simultáneos: identifica las creencias nucleares de insuficiencia que caracterizan al adolescente, cuestiona los pensamientos catastróficos vinculados a estar desconectado, y aplica exposición gradual a situaciones sociales presenciales sin el teléfono como apoyo.

Una de las técnicas más efectivas consiste en guiar al joven para que permanezca en situaciones emocionalmente incómodas —el aburrimiento, un silencio tenso, una espera— sin recurrir al celular. Al atravesar esas sensaciones, el adolescente comprueba empíricamente que la emoción negativa tiene un pico y luego desciende por sí sola. Ese descubrimiento, según Genise, es uno de los aprendizajes más liberadores del proceso terapéutico.

El rol de los padres: de custodios a reguladores emocionales

Uno de los cambios de paradigma más importantes que propone la especialidad tiene que ver con el lugar que ocupan los adultos en este proceso. Genise es claro al respecto: los padres deben dejar de actuar como "policías del celular" para convertirse en "co-reguladores emocionales" de sus hijos.

En la práctica, esto implica aprender a validar la ansiedad del adolescente antes de intentar cambiar su conducta. En lugar de prohibiciones unilaterales, la TCC propone establecer contratos de contingencias: acuerdos claros, negociados y predecibles sobre el uso de la tecnología. También se trabaja la creación de rutinas compartidas libres de pantallas que refuercen el vínculo familiar desde un lugar positivo.

Para el trabajo nocturno —uno de los momentos de mayor vulnerabilidad— la terapia combina medidas concretas como retirar los dispositivos de la habitación con herramientas cognitivas que ayuden al joven a cuestionar creencias como "si no respondo ya, me quedaré solo", y técnicas de respiración y relajación que reemplacen el scroll compulsivo como mecanismo para conciliar el sueño.

La magnitud del fenómeno hace que la formación de profesionales especializados sea también parte de la respuesta. Genise lo sintetiza con precisión: "La TCC no es solo una solución para el presente; es una inversión en la salud mental futura del adolescente". Una inversión que, advierten los expertos, tiene mucho más impacto cuanto antes se realice.