EL DIARIO DE VANESA
Del abandono al amor: el puente de felicidad que llevó a Roger de Santa Fe a Buenos Aires
En esta edición especial de El Diario de Vanesa les debo confesar que mi trabajo me hace privilegiada y, al mismo tiempo, me permite vivir historias profundas, de esas que te atraviesan el alma.
Hace 17 años nació Pets Travel Vips por inspiración de mi adorable perrito Jefferson Olaff Futalauquen, quien fue el maestro que me enseñó lo que realmente significa amar. Su presencia en mi vida no solo llenó mis días de alegría, sino que transformó por completo mi propósito y sembró en mí una forma de querer que no conocía: un amor puro, paciente y sin condiciones.
Así es como cada traslado es una historia nueva, distinta y siempre conmovedora para mí. Y la de Roger es una de esas historias que quedan grabadas para siempre.
El llamado de Daniela
Daniela, de Belgrano, Buenos Aires, un día se contactó conmigo y me contó que quería adoptar un perrito. Por momentos su voz se quebraba: me confesó que hacía muy poco había perdido a sus dos compañeros de vida. Y cuando llegó ese día, ella dijo "nunca más"... y con la voz quebrada entre tristeza, emoción y amor, me dijo: "Quiero a Roger", un perrito que estaba en San Jerónimo Norte, provincia de Santa Fe.
Quise saber de dónde nacía ese amor tan profundo por los animales, y esto fue lo que Daniela me contó:
"No sé si nació esta acción en mí, sino que es como si yo ya hubiera nacido así. Desde que soy muy chica recuerdo —o quizás sea por el entorno en el que me crié— que siempre se han respetado y cuidado los animales.
Después, mi generación llevó eso a otro nivel. Ya no solo se cuidaban y se adoptaban animales, o se los tenía en la casa, sino que empezamos a salir a rescatar, a darlos en adopción y a velar por el cuidado de todos los animales, no solamente de los nuestros.
Desde muy chica me acuerdo de que, a los seis años, tuve mi primer rescate. Me habían mandado a comprar pan a media cuadra de mi casa, y volví con un gatito blanco... pero sin el pan. Estaba tiradito ahí, todo flaquito y lastimado.
Bueno, ese fue mi primer gato: Oliver."
Escuchar a Daniela me confirmó algo que ya sabía: el amor por los animales no se aprende de un día para el otro, se lleva en el corazón desde siempre.
El encuentro con Agustina, en el corazón de Santa Fe
Por otro lado, al contactar a Agustina (@aguvolpato), que está en San Jerónimo Norte, Santa Fe, ya sabíamos las tres que este puente de felicidad se haría realidad. Viajé entonces a buscar a Roger, entusiasmada y feliz de ser parte de esta historia; quería conocerlo.
Una vez allí, todo fue hermoso. Roger observaba todo, quizás tratando de entender, y Agustina me emocionó profundamente. Conocerla y hablar con ella me llegó a lo más hondo del corazón. Con tan solo 28 años, lleva una vida totalmente dedicada a rescatar animalitos en los campos, recuperarlos y luego darlos en adopción. Una vida llena de amor.
Le pedí a Agustina que me contara cómo es su trabajo en el campo, y esto fue lo que me compartió:
"Bueno, les cuento. Acá somos un pequeño grupo, y entre nosotros también está mi hermana. Desde hace muchos años, más de 15, nos dedicamos a asistir pedidos relacionados con animales abandonados.
Muchas veces han aparecido cachorros en el basural o cerca del refugio. Intentamos sacar a los perros que hay en la perrera y darlos en adopción responsable.
En toda esta movida, hace varios años empezamos a encontrar unos tres o cuatro cachorros que siempre aparecían más o menos en el mismo sector. Al monitorear la zona, nos dimos cuenta de que, en realidad, nadie los abandonaba, sino que directamente nacían ahí y eran hijos de madres asilvestradas.
Es decir, en algún momento, de algún campo se escapó una perra sin castrar y empezó a reproducirse. Entonces, son perros que nacen, viven y mueren en el campo. Prácticamente hacen una vida como si fueran zorros, pero son perros.
Viven y se refugian entre la maleza y los árboles. No se acercan a los humanos ni buscan comida humana. Por eso es sumamente difícil capturarlos: a partir de los cuatro o cinco meses ya corren demasiado rápido y no hay forma de atraparlos.
Hemos intentado con trampas y redes, pero hasta ahora no tuvimos suerte. Lo que sí pudimos hacer fue ir controlando las camadas, saber por qué zonas andan y calcular, más o menos, en qué fechas podrían aparecer los cachorritos.
No hemos tenido suerte para castrar a las perras —excepto a una—, pero sí para evitar que la manada siguiera creciendo.
En ese recorrido, todos los días o día por medio, salimos a recorrer el campo. Seguimos sus huellas y hacemos un monitoreo permanente de la zona. En una de esas recorridas apareció Roger.
Por eso es imposible que él haya estado ahí durante mucho tiempo sin que nosotros lo viéramos. Alguien lo llevó, lo abandonó, y él se quedó esperando."
El milagro de la adopción
El destino de un perrito rescatado es un hilo invisible tejido por manos llenas de amor. La historia de Roger es el reflejo perfecto de ese milagro que llamamos adopción.
Abandonado a su suerte en la inmensidad del campo, Roger conoció la indiferencia, pero el destino tenía un plan diferente para él. Primero aparecieron las manos de Agustina, quien lo encontró, curó sus heridas físicas y las del alma, y creyó en su derecho a una segunda oportunidad al mostrar su mirada al mundo. Y luego llegó el corazón de Daniela, quien no dudó en abrirle las puertas de su hogar para transformarlo en su familia.
Historias como la de Roger nos recuerdan por qué hacemos lo que hacemos: cada traslado, cada kilómetro recorrido y cada vida salvada valen la pena cuando el dolor del abandono se transforma en el calor de un hogar.
Adoptar es el único acto de amor donde salvás una vida y, sin darte cuenta, terminás salvando la tuya.
El legado de Jefferson sigue vivo
Termino mi día y me voy feliz, sabiendo que el legado de Jefferson sigue más vivo día tras día. Porque cuando él partió, dejó un vacío inmenso en mí, pero también un legado sagrado. Hoy, cada vez que subo a un perrito o a un gatito al vehículo, siento que él viaja a mi lado.
Desde su partida, decidí honrar su memoria entregando a cada animalito que traslado exactamente el mismo amor, cuidado y ternura que le daba a él. Para mí, cada uno es un reflejo de su alma, y cuidarlos como él se lo merecía es mi forma de mantenerlo vivo en cada kilómetro del camino, continuando con su legado y haciendo puentes de felicidad.
Espero que les haya gustado esta edición especial de El Diario de Vanesa y ¡será hasta la próxima! edición.